Para mí fue una casualidad verte; en cambio tú, nos viste nada más llegar.
Lo sé por tu mirada y la posición de tus orejas cuando, por azar, al otear esa zona alta con mis prismáticos, te encontré. Te adiviné sin buscarte, silueta mágica difícil de olvidar.
Nos separaban unos 400 metros, quizás cerca de los 500. Dimos un paso hacia delante y no te gustó: desapareciste. No te agradó esa aproximación de tan solo un paso, aun estando tan lejos.
Solo te pido un pequeño favor. El 6 de diciembre de este año 2026, déjate ver en algún puesto. Eso sí, si aceptas, debo pedirte otro favor, uno mucho más importante que el primero. Es más, no te acepto el uno si no aceptas el segundo.
Disculpa de antemano mi osadía por pedirte el primero, pero también quiero que sepas que no lo admitiré sin saber que eres capaz y que estás seguro de que cumplirás con mis sinceros deseos del segundo.
¡Ahí va! No te vayas cuando veas subir a los monteros a colocarse en sus armadas. Quédate y, antes de la suelta de las rehalas, sorprende en el cierre a un montero. Párate un segundo, solo un segundo, y mira de esa misma forma al afortunado cazador que tenga la suerte de verte en su postura. Eso sí, asegúrate de que no le dé tiempo ni a encararse el rifle, porque quiero verte otra vez más, allí en lo alto de la sierra del Enjugadero, en el mismo sitio, ambos con un año más.
Pero como no hay dos sin tres, te pido un nuevo favor: no me taches de mentiroso al hacer público este texto. Te doy mi palabra de que esto pasó por mi cabeza después de muchos minutos observándote. Espero que me creas. Quizás la edad me ablandó, no lo sé, puede ser; pero sí te doy mi palabra de que pensé lo que ahora escribo. Es más, a todos los cazadores que nos lean les ha pasado alguna vez.
Sintiendo que así es, da igual que no me crean los demás.
José Morales-Arce
Morales-Arce Hunting Life