Quebrada quedó la palabra y la sonrisa de un gran hombre.

16/12/2021

A D. Antonio Briegas Macias. Guarda Mayor de las fincas El Águila  y Hornillo.

Fueron muchos dias y horas las que compartí con Antonio, que tiene la gran responsabilidad de ser Guarda Mayor de una de las mejores fincas de caza mayor de España. Responsabilidad de cuidar, mimar y vigilar los grandes y únicos venados 100% pura raza Sierra de San Pedro, y las lindes donde pastan. Venados soñados por cualquier montero, y lo peor, por cualquier furtivo. 

Hombre de palabra, de fácil trato, amable, simpática, divertida y extensa conversación. Que da la mano mirando a los ojos y se despide de igual forma. Hombre de piel curtida por el sol, por el frio y por los vientos durante mas de tres décadas en la Sierra de San Pedro de nuestra dura y apreciada Extremadura. Décadas en las cuales lleva disfrutando el y su señora Isabel de una vida tranquila y llena. Su hospitalidad, amabilidad, su sonrisa perpetua, su simpatía es reflejo de su paz. Paz clásica del hombre que vive apartado de los atascos, del tóxico humo de los tubos de escape de los coches, de las prisas de llegar, del poder buscar hueco para aparcar el coche dia tras dia en las grandes ciudades. Del estrés que genera el poder llegar a fin de mes y pagar las facturas de los tremendos gastos mensuales que generamos los que vivimos en las ciudades. 

Ese hombre que conocí era otra persona muy distinta al terminar la montería en El Águila. 

Ni una sola sonrisa vi en ti en la junta de carnes, quedaste parco en palabras, perdido entre tanto bullicio, sin rumbo fijo. La montería había sido exitosa, grande, seguramente la mejor, o una de las mejores de España esta temporada gracias a esos venados que criaste y mimaste. 

Ese era tu dolor, esa era tu tristeza. Te entendí perfectamente, me hiciste recordar ese vacío que quedaba en mi en la época que trabajaba en el campo con el ganado. Cuando llegaba la jaula para llevarse los corderos que durante dos o tres meses había mimado tanto para intentar poder venderlos a mejor precio que la lonja marcase. En mi caso, el establo quedaba en silencio, sin esos corderos que todos los dias respingaban al verme llegar con el saco al hombro con su ración de comida, de jugar entre ellos cuando les ponía cama nueva y seca. Te pasó igual amigo Antonio, te pasó igual. Viste a tus únicos y magníficos venados abatidos, y abatido quedaste. 

Cabizbajo te vi cuando abrí la puerta del salón comedor donde los monteros unas horas antes revivían de nuevo la montería. Apartado y solo, con mirada perdida te encontré observando las ascuas de la lumbre que calentó a los monteros durante la comida. Ni una sola sonrisa sacaste durante nuestra conversación, pero no dudes ni un segundo, que entendí. 

En cambio, si vi en ti la tranquilidad del éxito conseguido por tu trabajo y en definitiva por el gran resultado de la montería en El Águila y Hornillo. 

Después de conocerte, también entiendo, lo respetado y querido que eres por todo el mundo. Y de ahí viene también el respeto a tus venados por monteros y furtivos. 

Fuerte abrazo para ti y para Doña Isabel, y aprovecho para recordar ese refrán que dice, “Quien duermen en el mismo colchón son de la misma condición” y Doña Isabel de forma amable siempre nos recibió.

Discúlpame si alguna vez fui un poco cargante, sabes que soy un poco intenso y pesado, pero creo que entiendes que es por la responsabilidad en la organización.

Un abrazo y hasta siempre gran hombre. Fue todo un placer conocerte y montear El Águila y Hornillo a tu lado. 

Tanto Joaquín como yo te damos las gracias por todo y por tanto.

José Morales-Arce Escrivá de Romaní

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