Tras la tempestad vuelve la calma y tras la tormenta siempre sale el sol. Que nadie lo dude.
Es cierto que estamos viviendo una situación sin precedentes y que estamos atravesando unos meses que ni en las peores pesadillas nos podíamos imaginar. Esta pandemia, cuyo origen está aún por determinar (no quiero ser mal pensado…, pero piensa mal y acertarás), nos ha cogido a todos fuera de juego y con el paso cambiado.
Buscando un remedio a tan inesperado problema, la sociedad ha sido enclaustrada en sus casas y el pánico se ha adueñado de una ciudadanía, que a las órdenes de un Gobierno al que visto lo visto parece ser que el sillón le viene muy grande, se ha convertido en un títere en manos de la improvisación, que ya no sabe si cantar o llorar, aplaudir o denunciar, hablar o callar.
Esta pandemia, y su mala gestión, nos ha desbordado a todos crispando los ánimos de una sociedad cada vez más politizada y manipulada por una desclasada clase política que ha demostrado velar más por sus intereses personales y partidistas que por el bien de aquellos que les dieron su confianza.
Por su mal proceder y su manifiesta incompetencia, gobierno y oposición han convertido la política en arma arrojadiza y elemento de confrontación en vez de ser una herramienta de unión al servicio del pueblo.
Se recortan libertades, se amordaza la libre expresión de los ciudadanos y se vulneran los derechos más fundamentales de las personas, manipulando la información y manejando las voluntades de una sociedad cada vez más dividida y desorientada, que ha perdido el norte por culpa de unos políticos que en vez de unirse ante la adversidad, como haría cualquier ser vivo medianamente inteligente, se enfrascan a diario en una guerra sin cuartel para ver quien la tiene más grande, mientras que los problemas se acrecientan y los enemigos del Estado se frotan las manos al ver como están ganando la batalla del “divide y vencerás” para conseguir sus propósitos.
Y mientras tanto, nuestros enfermos mueren, nuestros sanitarios se contagian y nuestra sociedad se precipita a una ruina económica que apunta a drama si no se toman medidas urgentes y excepcionales acorde al problema que padecemos.
Problemas excepcionales se solucionan con medidas excepcionales, y estas medidas las suelen tomar personas excepcionales, de lo cual, por desgracia, estamos cortitos en el ámbito político.
El problema es serio y jugamos contrareloj. Al drama de los fallecidos se une el derrumbe económico, y si no se toman medidas urgentes no nos va a matar el coronavirus pero sí la ruina.
Hay que empezar a funcionar YA!. Las grandes empresas, las pymes, los pequeños comercios, la restauración y la hostelería deben arrancar motores a la mayor brevedad posible habilitando fórmulas que garanticen la salud de las personas pero también la viabilidad económica.
En este sentido, la caza no deja de ser otra de las actividades económicas prioritarias que deben primarse para que reanude su actividad cuanto antes. No olvidemos que la caza genera en España más de 6.000 millones de euros al año y emplea de forma directa a decenas de miles de personas, la mayoría de ellas en zonas rurales deprimidas donde la actividad cinegética es la principal fuente de riqueza.
Hostelería, restauración, servicios de catering, personal de campo y guardería, empresas cárnicas, arrieros, rehaleros, postores, secretarios, cargadores, tiendas de ropa y complementos, armerías, taxidermistas… son miles los autónomos y pymes que encuentran en la caza una insustituible fuente de ingresos para mantener sus negocios y alimentar sus familias.
Esto no es demagogia, esto es una realidad tan evidente como el papel conservacionista y regulador que tiene la actividad cinegética en la flora y fauna silvestre. Y el que no quiera verlo que no lo vea, pero niega la evidencia.
En este sentido, ante la incertidumbre que esta pandemia ha generado en todos los sectores de la sociedad, hay que ser valientes y mirar el vaso medio lleno. No se puede estar en la cárcel y con miedo.
Este país está capacitado para levantarse, superar esta pesadilla y volver a generar el empleo y la riqueza que nos garantice el Estado de bienestar que siempre hemos tenido a poco que los que tienen la responsabilidad de tomar decisiones sepan tomarlas, porque por esfuerzo, sacrificio y entrega de esta sociedad no va a ser.
Y en lo estrictamente cinegético, hay que sacudirse las pulgas y mirar al futuro con el verde esperanza que nos está dejando la primavera, lo que nos augura una temporada de caza maravillosa donde sin duda vamos a disfrutar de lo lindo.
La tranquilidad que ha tenido el campo en estos últimos meses y las constantes lluvias que han regado sierras y campiñas en marzo y abril, han favorecido la cría de las especies cinegéticas y la regeneración de nuestra flora. El campo está impresionante y la primavera es ESPECTACULAR. Hacía años que no se veía cosa igual. Si mayo nos respeta con unas temperaturas suaves tendremos una excelente paridera y las reses rematarán unos trofeos que ya apuntan a una mejoría considerable respecto a la pasada temporada.
El sector cinegético, como todos, deberá amoldarse a la nueva situación económica que padecemos y se tendrán que bajar los precios de manchas y monterías si propietarios y organizadores quieren vender su producto y no quedarse fuera de mercado, pues nos guste o no, esta crisis sanitaria nos está pasando una factura muy importante que menguará de forma considerable la cartera de los cazadores, por lo que habrá que ofrecer la mejor relación calidad-precio si queremos ser competitivos, y eso comienza por comprar al precio justo las manchas, pues como todos sabemos, con las carnes no se podrá contar mucho tras la bajada de precios que ya sufrimos el pasado año y las expectativas que hay para la próxima temporada.
Y como decía antes, quien no quiera ver esto que no lo vea, pero estará negando la evidencia. El sector cinegético, como todos los sectores económicos de este país, se tiene que reinventar ante esta nueva realidad que vivimos, y seguir funcionando con absoluta normalidad para seguir generando empleo y riqueza.
En España tenemos una oferta cinegética de primer nivel y unos organizadores cinegéticos cada vez más profesionalizados, garantizando un buen producto y un excelente servicio a los cazadores nacionales y extranjeros. Tenemos que seguir cazando, porque la caza no es un deporte ni una diversión, es, aparte de otras muchas cosas, una herramienta de gestión y una fuente de riqueza para muchas familias que necesitan ahora, más que nunca, un sector dinámico y competitivo.
Pongámonos las pilas, reinventémonos, apartemos la desidia y la desesperanza de nuestro pensamiento y apostemos por la caza, porque la caza es VIDA, que es lo que precisamente necesita ahora, más que nunca, este país.
Que esta primavera verde esperanza acabe con la incertidumbre que nos invade y nos anime a disfrutar de una temporada de caza que nos devuelva a todos la paz, la felicidad y la libertad que ahora nos falta.
Nos vemos en el monte.
Emilio Jiménez
Director de Todomonteria.com

Fotos: Encicaza T 20-21