Opinión: Un adjetivo académico para el idiolecto y estilo de Delibes. Por Eduardo Coca Vita

03/10/2019

 

  • El año 2020 reunirá en él dos aniversarios redondos: el centenario de su nacimiento y el decenio de su defunción

 

Eduardo Coca Vita/ abc.es. 25-9-2019

Octubre trajo al mundo a Delibes en 1920. Y el año 2020 reunirá en él dos aniversarios redondos: el centenario de su nacimiento (17 de octubre) y el decenio de su defunción (12 de marzo). Doble motivo para solemnes actos a presentar en noviembre como «de excepcional interés público», programados por las instituciones administrativas y privadas con algo que ver y decir acerca de este laureado premio Cervantes y Príncipe de Asturias, forjador de una vida y obra exuberantemente reconocidas y agasajadas desde múltiples perspectivas y sobre campos diversos. Delibes luce monumentos, placas y rótulos por la capital del reino, sus ciudades y sus aldeas con pareja densidad.

Como fui un fiel seguidor del don Miguel vivo y nunca he dejado de añorarle tras su muerte, quiero revalidar mi devoción reclamando de la RAE una acción de justicia colectiva: incorporar al Diccionario de la Lengua Española el adjetivo que evoque y remita a su idiolecto (en conversaciones, entrevistas y charlas), su estilo de expresión escrita (en libros y todo género de prensa) y su habilidad gráfica (de caricaturista y dibujante ilustrador). Es frecuente que, para tal fin, surjan espontáneos con términos como delibesio, delibesino, delibeano o delibesco, sin que la autoridad competente haya fijado hasta ahora el más acorde a la filología y lingüística.

Avala la razonabilidad de mi propuesta el mantenimiento de Delibes en el podio cultural, con incesantes apariciones y citas en los círculos literarios, alentadas sin duda por la animosa Fundación que instituyeron sus siete hijos, presidida por Elisa y dirigida por Javier Ortega, sucedido desde septiembre por Fernando Zamácola. Y es que Delibes continúa siendo muy vendido y leído, pese a lo difícil de sumar ambas notas, y más con la añadidura de «influyente», un laude que no todos los muy leídos alcanzan. Según las encuestas, solo le superan Cervantes y Pérez Galdós. Dicho de otro modo, Delibes será inmortal. Por mucho que en esto cambie el mundo, no lo hará más que del Siglo de Oro acá y Cervantes permanece de figura universal.

En el Diccionario abundan calificativos como el que reivindico aplicables a intelectuales y cultivadores de las bellas artes en cualquier época, desde clásicos precristianos a vanguardistas. Ciñéndonos a las letras en sentido más o menos riguroso aunque amplio —especialmente literatura y filosofía en todas sus variantes—, la larga lista que cabe invocar solo supone una muestra de la larguísima relación de gentilicios de este porte incorporados al léxico oficial: azoriniano, barojiano, benaventino, bretoniano (Bretón de los Herreros y André Breton), borgiano, calderoniano, campoamorino, cervantino, galdosiano, garcilasiano, gongorino, juanramoniano, lorquiano, lopista, machadiano, moratiniano (Nicolás y Leandro Fernández de Moratín), orteguiano, ramoniano (Ramón Gómez de la Serna), proustiano, quevedesco, sartriano, unamuniano, valleinclanesco, etc. La tónica es ajustar su definición a un estereotipo (del que se apartan accidentalmente los menos casos): «1. Perteneciente o relativo a XXX, [escritor, novelista, dramaturgo, poeta, filósofo…], o a su obra. 2. Que tiene rasgos característicos de la obra de XXX». No soy quién para decidir lo gramaticalmente adecuado a los rasgos y expresiones de Delibes, que debe contar con su propio vocablo como tantos ilustres de no superior proyección ni mucho menos. Particularmente creo indicado delibesiano, en línea con los autores modernos más característicos, pero doctores alberga la Academia.

Escogidos son quienes penetran en la sociedad como este genio castellano, que irradia su personalidad e irisa su carácter —hasta su moralismo— en lo medular de todos los ámbitos de España, de los países de habla hispana y del conjunto de naciones fertilizadas por unas creaciones de pródiga traducción a otros idiomas, comunes o raros, y adaptadas al teatro o cine con éxitos de crítica y reposición internacional. Dije una vez que no habrá quien desahucie a Delibes de su trono, ni con título ni a la fuerza, pues, si el existir le procuró fama, el día que murió selló el pueblo su gloria con un pésame como pocos haya habido. Ni literatos ni ensayistas ni filósofos reciben despedidas más propias de toreros, ídolos de masas o reinas mozas víctimas de la tragedia. Una explosión del duelo de un gentío en traba de edades, estados, ideas y ocupaciones, desde los monarcas al máximo desheredado.

Qué menos pueden hacer los académicos por Delibes en 2020 para festejar su nacimiento y lamentar su óbito que ofrecerle esa voz cabal que, en unción de brevedad y expresividad, nos guíe sin más a lo que fue, es y siempre será el caudal literario, humano, cinegético, naturalista y ético de don Miguel Delibes Setién, miembro electo de la institución veladora de una lengua en deuda eterna con el vallisoletano rural más sencillo pero más universal, autor muy demandado por los no coetáneos y significativamente releído por quienes con él coincidieron y en fresco se lo embebieron. Yo el primero.

(*)Foto: Miguel Delibes, en la localidad burgalesa de Sedano en una imagen de 2.006 – F. Heras

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