Opinión: ¿A donde vamos?. Desde el 7 de Aristines

06/01/2016

 

DESDE EL 7 DE ARISTINES

 ¿A dónde vamos?

 

Escribo estas líneas a pocas horas de acabar el año, con 2016 llamando fuerte a la puerta, y tras haber cumplido ayer esta web, nada menos que cinco años. Es en ocasiones como esta cuando uno suele hacer balance -que no cuentas- y toca pensar en lo vivido y en el futuro.

Tratando esta web de lo que trata, no vamos hablar aquí de asuntos que no vienen al caso, sino que tenemos que centrarnos como no puede ser de otra manera en la caza, si bien más particularmente en la mayor y en la modalidad de la montería. Deberíamos ir pues de lo general a lo particular, pero esta vez quiero hablar de nuestra afición en general. De algo que para muchos es más que eso, es un modo de vida y de entender la misma.

Procuro siempre en esta columna, no sólo expresar una opinión personal, sino razonarla y con ello buscar que ustedes lectores no se pongan como locos a apoyar mis tesis o a denostarlas, simplemente pretendo removerles por dentro y hacerles pensar y meditar sobro aspectos que uno cree importantes.

Siendo pues este un momento de balance y mirada al frente, para enfrentar el futuro, le da a uno por preguntarse, y pienso: ¿A dónde vamos?  Me interrogo sobre cuál será el camino que habrá de tomar la caza en el futuro más próximo y más lejano. Miro atrás y miro ahora, y si bien asiento feliz ante ciertos aconteceres de nuestra común afición, no es menos cierto que me afligen grandes preocupaciones respecto a la misma. He hablado en estas líneas en ocasiones pasadas de números, del lobo o de la pulcritud que creo necesaria, pero esta vez mi observación toma una posición más cenital, e intento abstraerme, viendo nuestro “mundo” desde fuera.

Hace pocas fechas hemos votado en unas elecciones generales en España, y de nuevo aparece un dato que ya me pareció preocupante en las pasadas elecciones locales y autonómicas. Un partido -PACMA- profundamente animalista -y por ello radical y totalitario-, y con intenciones claras e inequívocas de prohibir la caza, ha sacado la nada desdeñable cifra de 200.000 votos. Si nuestro sistema electoral fuera de circunscripción única o 100% proporcional, habrían conseguido representación en el Congreso de los Diputados.

Ante estos hechos nos alarmamos, no nos pasan desapercibidos, pero no los analizamos, no proponemos ideas nuevas, no reflexionamos, y volvemos a las típicas bravuconadas, al insulto, a la llamada a la acción de un “gremio” desunido, fragmentado y enfrentado donde los lobos con piel de cordero, son muchos más de los esperados.

Cierto es que el ecologismo, la verdadera ciencia que aboga por la protección medioambiental, vive momentos extraños, y radicales de todo cuño, sin apoyarse para nada en la ciencia, en la razón, ni en la demostración empírica, se apoderan de un campo donde los cazadores hemos estado desde el principio, donde debemos seguir estando -a pesar de algunos, tanto de dentro como de fuera- y de donde hemos de buscar el apoyo y la razón para el buen desarrollo de nuestra común afición.

Duele ver que siendo los cazadores los fundadores de decenas de asociaciones ecologistas en el pasado, promotores -y conservadores- de los primeros espacios protegidos en nuestro país, responsables más que directos de la conservación y buen devenir de especies que se han encontrado en delicada situación… han llegado unos nuevos advenedizos, y nos han comido el terreno, el espacio y suplantan la verdad de los hechos con su propaganda barata de tintes “goebelianos”. Unas urbanitas radicales se han apoderado de manera totalitaria de los espacios para la conservación y el buen desarrollo de nuestro medio ambiente, provienen muchos de corrientes políticas e ideológicas superadas -o que al menos deberían estarlo-, se nos han apoltronado en la silla y difunden sus mentiras, sus barbaridades y en ocasiones  hasta su terror; ante la mirada consentida y a veces cómplice, de la mayoría de nuestra sociedad.

Ante esta situación alarmante, lo dicho: bravuconadas, ideas obsoletas y fracasadas tantas veces, embestidas sin sentido… No usamos la cabeza para pensar o razonar, la usamos para embestir, y así nos va. Hemos de volver a nuestros orígenes, hemos de abanderar la carrera por la conservación de nuestro medio, hemos de apoyar la razón de nuestra afición en la ciencia, en los hechos demostrados, en la verdad de que la caza es una herramienta fundamental para la conservación de la naturaleza. No porque lo digamos, sino porque lo demostramos. Ese es el único camino, pues la verdad, al final, siempre se abre paso. Bien es verdad que en este país la razón y la ciencia no gozaron jamás de buena salud, y suelen ser precisamente los más radicales los que se dicen abanderados de las mismas. Sin embargo eso no debe hacernos desfallecer, y tenemos que empezar a dar ejemplo, a preguntarnos por cómo desarrollamos nuestro papel de conservadores, de responsables de gestionar grandes extensiones de pura naturaleza.

En el sentido común no caben ciertas actitudes y prácticas. No hablo ahora de pulcritud y de estar bien vistos, no se confundan. Hablo de hechos demostrados, de ciencia y de razón. Ahí no caben densidades de ungulados que ponen en peligro nuestros montes, evitando la regeneración natural de los mismos. No caben tampoco terrenos cercados donde se sueltan animales criados en granjas para practicar con ellos el tiro. No cabe el sólo matar machos en nuestro ejercicio de caza, desentendiéndonos de la caza de juveniles y hembras, y provocando con ellos graves desequilibrios en las poblaciones sobre las que incide nuestra actividad. Somos más importantes de lo que creemos, y sólo si damos ejemplo y si dejamos que los hechos contrastados hablen por nosotros, sólo entonces tendremos razón de ser, y tendremos el futuro asegurado.

El camino es largo, el camino es dificultoso y la ruta es peligrosa, pero… ¿no es esa al fin y al cabo la razón de nuestra tremenda afición a la caza?, ¿no es la falta de certeza y la dificultad lo que hace a la caza tan propia al hombre?, ¿no es verdad que cuánto más nos cuesta lograr nuestra meta cinegética, más saboreamos después la misma? Creo que las respuestas son claras, y quien no las tenga tan claras, flaco favor hace entre nosotros -no me arredro a decirlo-; ahora es el momento de comenzar el camino. ¿Usted lo va a intentar y apoyar o abandonará ante la primera dificultad?

Pregúntese por lo que hace cuando caza, llame a las puertas de su conciencia, y en lo más profundo de sí mismo, busque la verdad de esta pasión que nos desborda. Busque sentido a aquello de “Venare non est occidere”. Dele vueltas a lo que decía Ortega y Gasset con aquello de: “El cazador no caza para matar, mata para poder cazar”. Piense sobre ello, y actué en consecuencia, no es cuestión de dar voces y hacerse notar en redes sociales, publicaciones del sector y demás. Nuestra verdad, y el sentido de la caza están en lo más profundo de nosotros mismos. Con humildad, pero con determinación, cace y dé ejemplo. El tiempo y los hechos, nos pondrán en nuestro sitio.

 

BENDITA SEA ESTA CONSTANTE VITAL QUE ES PARA NOSOTROS LA CAZA

 

F. J. López Maraver

Madrid, 31 de diciembre de 2015

También te puede interesar…

SANTOS CAZA apuesta a ganador

SANTOS CAZA apuesta a ganador

Desde que hace un par de temporadas Miguel Ángel Santos arrancara su proyecto cinegético SANTOS CAZA, el trabajo ha...

0 comentarios