«Nos quedamos sin caza». Carta a mi nieto. Por Anselmo Santos

03/04/2015

Nos quedamos sin caza

Carta a mi nieto

02.04.2015 . La Gaceta de Salamanca.es

Grupo de cazadores de Monsagro. I EC

Foto: Grupo de cazadores de Monsagro. I EC

Cuando vi esta antañona fotografía, que nos llega desde el recóndito pero bello pueblo salmantino de Monsagro, lo primero que pensé es que estos cazadores habían gozado de la caza en demasía, cuando las especies abundaban y cazar era un placer ¡qué tiempos aquellos!…

No soy adivino, pero en el año 1989 escribí un artículo que fue premiado por La Federación Española de Caza en forma de carta a mi nieto Alberto, que tenía 4 años de edad, donde auguraba que la caza deportiva iba desapareciendo. Carta que transcribo:

-NOS QUEDAMOS SIN CAZA-

Querido Alberto: Te confieso que cuando vi tu alegría al coger las perdices que yo había cazado en este primer día de caza me emocioné. Parecía que eras tú quien había estado bregando por esos páramos de Dios, atravesando barbechos y subiendo laderas. Enseguida pensé: “este nieto mío será cazador el día de mañana”…

-Pero luego, ya más tranquilo, recapacité y llegue a la conclusión de que la caza que tú puedas practicar (en el caso hipotético de que este deporte subsista), cuando tú tengas edad para ello, en nada se parecerá a la que hacía tu abuelo “al salto y con perro por delante”, que es la verdadera caza, sintiendo en tu rostro el frio de mármol en invierno, o el calor tórrido de un día en el mes de agosto. Contemplando las heladas mañaneras y viendo a lo lejos, pero nítido, el pueblecito que se despierta al amanecer y escuchando el toque de la campana de la iglesia que toca a oración.

-¿Cómo será tu caza? Si es que algún día quieres ser cazador, y lo que es más triste ¿habrá perdices, liebres y conejos por nuestros pagos provinciales, otrora de privilegio? No puedo predecir cómo será tu caza, Alberto, no sé si será peor o mejor que la que yo practico y que ahora me cuesta tanto trabajo hacer; pero puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que en todo caso será distinta.

-No quiero quitarte ilusiones, entre otras cosas, porque tiempo tienes por delante para decidir en su momento si quieres ser cazador o no. Hoy sólo quería manifestarte mi emoción cuando cogiste con calor y alegría las perdices que tu abuelo abatió en esta primera jornada de caza, de poder a poder y donde las fuerzas de antes se ven mermadas por el paso de los años.

-Y no olvides “cazar es querer a la tierra, sentirte parte de ella, y amar de modo indefinible a cuanto compone el fraternal escenario del contorno, los árboles, la pradera, la perdiz, el conejo”…

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