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12/02/2015

 

Cinco grados bajo cero marcaba el coche en las llanas entre San Vicente y Valencia de Alcántara en la mañana del pasado 7 de Febrero, en la que Vegas del Sever se disponía a cazar la finca sita en término de Herrera de Alcántara de La Liebre.

Para ello habíamos quedado en el cortijo de Solana, lugar de encuentro habitual en este grupo montero. Una dulce candela esperaba allí para resguardarnos del gélido día que se avecinaba, y poco se tardó en dar paso a un suculento desayuno.

El sorteo dio comienzo sobre las diez de la mañana, saliendo inmediatamente las armadas, según se iba desarrollando el mismo. Así, los cierres de Bordalo y el Alcornocal salían en primerísimo orden y estaban listos en sus posturas sobre las once menos cuarto. Inmediatamente después, Veredas, La Margarita y Fuente Centena, para ir completando el círculo con los de Los Eucaliptos, La Grapetosa y Las Berzas, siendo el último en salir, en el que me tocó el uno en suertes, El Cierre del Olivar y la Carretera.

Doce menos diez, hora exacta en la que dejaba que mi mochila asentase en la base de la encina de donde colgaba la placa. Solo cabía esperar acontecimientos y ya, antes de llegar, habíamos escuchado algún disparo en los otros cierres, síntoma de que las reses andaban inquietas.

El desmadre continuó con la colocación de las traviesas del Pozo, Las Colmenas y La Charca, y se incrementó el número de disparos, llegando a contar treinta detonaciones desde mi llegada al puesto hasta las doce y media, momento en el que soltaban las rehalas. Entonces fue un frenesí montero, ladras por doquier y reses, que abandonaban el cazadero en abultadas pelotas, las cuales iban siendo desgajadas de machos por las traviesas, y clareadas en los cierres, donde irremediablemente abandonaban el cazadero sin volver atrás.

Así, en el cierre de los Eucaliptos, a primera hora, entraba una pelota de treinta reses, donde iban doce machos. El ocupante de la postura se quedaba con dos y cerraba su cupo particular, consiguiendo volver las reses y hacer que le cumpliesen a su vecino, que también hacía lo propio y le quitaba otros dos machos.

Cumplido este cupo, dejaron a posteriori pasar tres venados más, y otros dos el contiguo. Mientras, en mi postura contemplaba dos enormes pelotas, una de más de treinta reses, donde marchaban once varetos en la primera, consiguiendo hacerme con una cierva, y otra segunda de quince reses, donde también marchaban otro par de varetos, a la cual no fui capaz de quitarle ninguna hembra.

Este año, la caza se centró en la parte baja de la finca, y muy concentrada, lo que no favoreció el divertimento por igual en todas las armadas. Así, las que a priori eran las favoritas, por la querencia de todos los años, en esta ocasión estuvieron más flojas, y las que normalmente son más flojas se divirtieron de lo lindo. Aún así todas cobraron caza exceptuando el Cierre de Bordalo, donde ninguna de sus dos posturas consiguió abatir nada.

Sobre las tres de la tarde se levantaban las armadas con un resonar de disparos alternos todavía en la zona a cazar, y se retiraron los monteros a degustar una buena comida mientras se recogía la caza. Al plantel acudieron un total de 27 venados y 30 ciervas, quedando los monteros una vez más satisfechos. Afortunado el grupo Gallego, en el que todos consiguieron caza, tres de ellos con el cupo cubierto, y con hembras, concretamente cuatro, o el grupo de Ávila que también consiguieron todos tocar pelo. Una buena jornada para calentar el cierre de temporada.

Carlos Casilda

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