Los veterinarios de monterías asumen nuevas competencias sanitarias

10/02/2015

 

veterinarios

El veterinario es un figura fundamental en la organización de cualquier montería. Es más, su ausencia puede acarrear un auténtico quebradero de cabeza a los organizadores y un jarro de agua fría a los cazadores, ya que no podrán llevarse sus trofeos. Y si llega una pareja del Seprona o una inspección de Sanidad (en este caso veterinarios de la Administración para comprobar la labor de sus homólogos a pie de campo), la cosa pasa de gris a negro oscuro, con importantes sanciones económicas.

Contratar a uno de estos profesionales es lo primero que hacen los orgánicos (en el argot, la persona física o jurídica responsable de la montería). Al ser una profesión liberal, cada cual puede recurrir a los servicios de cualquier veterinario que se haya inscrito en el directorio sanitario autorizado por la Junta de Andalucía. Pero no es el caso.

Los organizadores de batidas suelen recurrir a profesionales en quienes confían y que, normalmente, suelen ser también aficionados a la caza. «Lo más importante es la profesionalidad, la transparencia y la confianza», señala el gestor de la finca La Moheda, Jesús Moreno. «Entendemos que en un coto de caza donde se están explotando los recursos cinegéticos disponibles en las diferentes modalidades existentes durante toda la temporada, la relación del propietario o el organizador con el veterinario no puede ser puramente mercantilista», sentencia.

De hecho, la mayoría de veterinarios que prestan sus servicios en monterías acceden a estos trabajos por sus contactos con organizadores y cazadores. Además, se hace casi indispensable que sean aficionados, ya que las condiciones en las que realizan su labor no son nada halagüeñas. «Esto te tiene que gustar porque es muy sacrificado», señala el veterinario Enrique Molina.
Aumenta la burocracia

Y relata una serie de vicisitudes inherentes al desarrollo de esta labor, desde el acceso a las fincas donde se montea, para lo cual se necesita un vehículo adecuado; la ausencia de instalaciones para realizar su tarea en condiciones climatológicas adversas, puesto que en la mayoría de casos trabajan al aire libre; o la sobrecarga de trabajo, ya que cada año son más las competencias que se les exigen.

Mario Beltrán, veterinario con 18 años de experiencia, indica que al informe sobre el traslado de las reses a la sala de despiece – una vez inspeccionadas-, hay que realizar otro sobre los decomisos realizados y, como novedad este año, hay que realizar «otro informe con el resumen de todo nuestro trabajo para entregarlo al propietario u organizador».

El vocal del Colegio de Veterinarios de Córdoba, Miguel Ángel Perea, recuerda que la Junta de Andalucía sacó hace dos años una orden «por la que también estamos obligados a controlar todos los residuos orgánicos, como las vísceras, y hacer un informe sobre la empresa que los recoge, el muladar al que se han trasladado o el precinto de los contenedores».

Esta normativa también obliga a hacer una guía de todos los trofeos reclamados. Es decir, cualquier cazador que quiera llevarse a su casa la cornamenta de un venado o la cabeza de un cochino necesita que el profesional le haga una guía que le autorice al traslado. «Esto se traduce en una sobrecarga de trabajo», señala Beltrán, quien recuerda que los veterinarios trabajan a pie de campo. «Cuando llueve trabajamos con nuestro paragüas en la mano, llenos de barro. Cuando no, hace frío o calor, y los cazadores metiendo prisa porque se quieren ir y llevarse su trofeo», señala.

Los informes suelen hacerlos en el interior de sus vehículos, cuando las fincas no cuentan con instalaciones apropiadas. Y para colmo, la crisis también ha afectado a sus salarios. «Los orgánicos intentan regatear, ya no hay la alegría de antes», señalan los veterinarios consultados.

Fuente:abc.es

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