A pesar de la vigilancia y las sanciones administrativas, todavía se detectan casos de animales muertos por intoxicación en entornos rurales y urbanos.
Expertos alertan de que el uso de cebos envenenados constituye un delito grave que pone en riesgo la fauna, el medio ambiente y la seguridad de las personas.
El hallazgo de animales muertos en caminos, fincas, montes y parques continúa siendo una realidad preocupante en distintos puntos del territorio.
En muchos de estos casos, la causa está vinculada al uso de cebos envenenados, una práctica ilegal que especialistas en medio ambiente consideran una grave amenaza para la biodiversidad, la seguridad pública y el equilibrio ecológico.
Como Guarda Rural, Técnico de Seguridad y Medio Ambiente y Director de Seguridad, Víctor Villalobos insiste en la necesidad de reforzar la vigilancia, la prevención y la concienciación social frente a este tipo de delitos, que no solo afectan a la fauna silvestre, sino también a animales domésticos, ganado e incluso a las personas.
Una práctica ilegal sin control sobre sus víctimas.
El principal peligro de los cebos envenenados radica en su carácter indiscriminado. Una vez abandonado el veneno en el medio natural, resulta imposible controlar quién puede ingerirlo.
Entre las víctimas más habituales se encuentran perros de compañía, perros de trabajo o de caza, gatos, fauna silvestre, aves rapaces protegidas, ganado y personas, especialmente menores, en zonas recreativas o parques.
Los efectos de estas sustancias suelen ser especialmente crueles. Muchos animales sufren convulsiones, hemorragias internas, dificultad respiratoria, fallo neurológico y una agonía prolongada antes de morir.
Además, numerosos tóxicos empleados ilegalmente permanecen activos durante largos periodos de tiempo, aumentando el riesgo para cualquier animal o persona que transite por la zona.
Colocar veneno ya es delito, aunque no exista una muerte.
Uno de los aspectos más desconocidos por gran parte de la población es que no es necesario que un animal llegue a morir para que exista delito.
El simple hecho de colocar un cebo envenenado en caminos, parques, montes, cotos o espacios naturales ya puede constituir una infracción penal, debido al grave riesgo que genera para la fauna, los animales domésticos y las personas.
El Código Penal español, a través del artículo 336, castiga el empleo de venenos, explosivos o métodos no selectivos contra la fauna, contemplando:
-Penas de prisión de cuatro meses a dos años
-Multas económicas
-Inhabilitación para la caza o actividades relacionadas con animales.
Cuando los hechos afectan a especies protegidas, provocan lesiones graves o causan la muerte de animales, las penas pueden agravarse considerablemente, pudiendo concurrir además delitos de maltrato animal recogidos en el artículo 337 del Código Penal.
La legislación castiga no solo el daño causado, sino también el riesgo generado.
Grave impacto sobre el equilibrio ecológico
El uso ilegal de venenos provoca un importante deterioro en los ecosistemas.
Muchas especies mueren tras consumir directamente los cebos tóxicos o alimentarse de animales previamente intoxicados. Rapaces, carroñeras y pequeños depredadores cumplen una función esencial dentro del equilibrio natural, pues controlan plagas, eliminan restos animales, mantienen el equilibrio biológico del ecosistema.
Su desaparición provoca alteraciones ecológicas que pueden tardar años en recuperarse.
Especialistas en conservación consideran el veneno una de las amenazas más graves para la biodiversidad en el medio rural y natural.
Los Guardas Rurales: pieza clave en la prevención.
Los Guardas Rurales desempeñan una función fundamental en la detección y prevención de este tipo de delitos medioambientales.
Su presencia constante sobre el terreno permite localizar indicios de actividad ilegal y actuar con rapidez ante cualquier situación sospechosa.
Entre sus funciones destacan:
-Vigilancia de fincas, montes y cotos
-Detección de cebos sospechosos
-Protección de fauna y ganado
-Preservación de pruebas
-Colaboración con Fuerzas y Cuerpos de Seguridad
-Prevención de delitos medioambientales
-Concienciación y educación ambiental
El conocimiento del entorno rural y de la fauna convierte a los Guardas Rurales en una herramienta esencial para la protección del medio natural.
Cómo actuar ante la sospecha de veneno
Las autoridades y profesionales del sector insisten en que la colaboración ciudadana resulta fundamental para combatir esta problemática.
Ante la presencia de Comida sospechosa, Carne abandonada, Sustancias extrañas o Animales muertos en circunstancias dudosas se recomienda actuar con máxima prudencia:
-No tocar ni manipular ningún objeto
-Alejar a personas y mascotas de la zona
-Avisar inmediatamente a las autoridades competentes
-Informar a SEPRONA, Guardia Civil, Policía Local o Guardas Rurales
Una actuación rápida puede evitar nuevas intoxicaciones y facilitar la investigación para localizar a los responsables.
Cómo actuar ante un animal intoxicado
En caso de sospecha de intoxicación, el tiempo es fundamental.
Mientras se realiza el traslado urgente al veterinario, pueden aplicarse medidas básicas de soporte vital:
-Posición correcta: Colocar al animal tumbado sobre su lado derecho, manteniendo el cuello estirado si presenta dificultad respiratoria.
-Control de temperatura: Cubrir ligeramente al animal con una manta o toalla para evitar la pérdida de calor corporal, sin dificultar la respiración.
–Control de hemorragias: Aplicar presión directa con gasas o una tela limpia sobre la zona afectada.
–Atragantamiento: Revisar cuidadosamente el hocico solo si puede hacerse con seguridad y extraer objetos visibles sin forzar.
-Reanimación cardiopulmonar: Solo debe realizarse si el animal no respira y no tiene pulso, y únicamente por personas con conocimientos básicos de primeros auxilios veterinarios.
En cualquier caso, ninguna actuación sustituye la atención veterinaria urgente.
Una responsabilidad compartida
La erradicación del veneno en el medio natural solo será posible mediante la educación, la vigilancia y la denuncia.
El veneno no es una solución. Es una práctica cruel, irresponsable y delictiva que pone en riesgo vidas, destruye ecosistemas y amenaza la convivencia en el medio rural.
La colaboración entre ciudadanos, Guardas Rurales, veterinarios y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad resulta esencial para proteger nuestro patrimonio natural.
Conclusión
La lucha contra los cebos envenenados se ha convertido en una prioridad para la conservación de la fauna y la seguridad en el medio rural.
La prevención, la vigilancia y la rápida actuación son fundamentales para combatir esta lacra y evitar nuevas víctimas.
Proteger la naturaleza no es solo una cuestión ambiental: es una responsabilidad colectiva que afecta directamente al presente y al futuro de todos.
Víctor Villalobos
Guarda Rural
Técnico de Seguridad y Medio Ambiente
Director de Seguridad