Quien pisa el campo a diario sabe que algo no va bien.
No hace falta leer estadísticas ni informes; basta con salir, observar y hablar con la gente que lleva toda la vida en esto.
El furtivismo siempre ha existido, pero lo que estamos viendo en los últimos años es distinto.
Más constante, más silencioso y, sobre todo, más dañino. Y gran parte de ese cambio viene por el uso de dispositivos térmicos.
Cuando la tecnología se usa sin criterio.
Hoy en día un térmico lo puede tener cualquiera.
Antes era algo limitado, caro, prácticamente inaccesible. Ahora no. Y eso, lejos de ser un avance positivo en el campo, se ha convertido en un problema serio cuando cae en manos que no tienen ni formación ni responsabilidad.
Porque hay que decirlo claro: no todo el mundo está preparado para usar este tipo de medios.
Un térmico no es un juguete. Es una herramienta que, si no se utiliza con conocimiento, provoca daños muy graves.
Una herramienta necesaria… pero mal utilizada.
También hay que ser justos.
Los dispositivos térmicos son una herramienta excelente para la gestión y la conservación sostenible del medio natural. Bien utilizados, permiten controlar poblaciones, detectar daños, vigilar el campo y mejorar la eficacia del trabajo de guardería.
En ese sentido, su aparición ha sido un acierto.
Pero también hay que decirlo sin rodeos: en manos indiscriminadas, se han convertido en una auténtica lacra.
Porque la diferencia no está en la herramienta, sino en la persona que la utiliza.
El gran problema: disparar sin saber lo que hay delante.
Aquí está uno de los puntos más preocupantes que estamos viendo.
Con visión térmica, muchas veces lo único que se percibe es una silueta, una fuente de calor. No se distingue con claridad si es macho o hembra, ni su estado, ni si va acompañado de crías.
¿El resultado?
👉 Se dispara sin saber realmente qué animal es.
Y eso está provocando un daño enorme:
- Muerte indiscriminada de hembras.
- Eliminación de ejemplares reproductores.
- Crías que quedan desatendidas
- Descenso directo de las poblaciones.
Esto no es una teoría. Es lo que estamos viendo en el campo día tras día. Luego llegan las consecuencias.
Después viene la realidad que muchos ya están sufriendo.
Llegan las monterías…y el campo no responde. Faltan animales.
Pero no solo en número, también en estructura:
- Escasez de machos maduros.
- Falta de hembras reproductoras.
- Ausencia de renovación
Gamos, muflones, cabras montesas, jabalíes, corzos… da igual la especie.
Cuando se rompe la base reproductiva, el daño es general y duradero. Y eso no se arregla en una temporada.
Animales desplazados y campo alterado.
No solo se mata sin criterio, también se altera todo el comportamiento de la fauna.
El uso continuado de térmicos provoca:
- Dispersión de manadas y piaras.
- Pérdida de querencias.
- Cambios en los hábitos naturales.
- Estrés constante en los animales.
El campo deja de estar equilibrado. Y cuando eso ocurre, gestionar se vuelve mucho más difícil.
Los Guardas estamos, pero no es suficiente.
Los Guardas Rurales de Caza estamos en el terreno todos los días. Vigilamos, controlamos, intervenimos y colaboramos con la Guardia Civil.
Pero hay que ser claros:
👉 esto no se soluciona solo con vigilancia. Hace falta algo más.
Hace falta conciencia, implicación y responsabilidad por parte de todos.
El coto es de quien lo cuida.
Esto es algo que siempre digo: El coto no es de uno. Es de todos los socios que lo mantienen los 365 días del año.
De los que respetan las normas, de los que invierten tiempo y dinero, de los que quieren que aquello funcione.
Por eso, cuando alguien entra de noche y actúa sin control:
- Está perjudicando a todos.
- Está tirando por tierra el trabajo de todo un año.
- Está vaciando el coto
Y eso, tarde o temprano, se nota.
La ética: cazar para comer
Aquí hay otro punto que considero fundamental y que siempre he defendido, tanto como cazador como Guarda Rural de Caza.
La caza tiene que tener un sentido. Y ese sentido es el aprovechamiento.
- Cazar para comer.
- Cazar con respeto.
- Cazar con criterio.
- No disparar por disparar.
- No matar por un trofeo sin más.
La ética cinegética no es una opción, es una obligación si queremos que esta actividad tenga futuro.
Porque cuando se pierde la ética, se pierde todo.
Formación y responsabilidad.
El uso de este tipo de dispositivos debería ir siempre acompañado de:
- Formación
- Conocimiento del medio
- Experiencia
- Coherencia
No basta con tener un equipo. Hay que saber utilizarlo y entender lo que se está haciendo.
Y eso no se improvisa.
La tecnología no es el enemigo.
Un térmico, bien utilizado, es una gran herramienta.
Los Guardas Rurales lo utilizamos para:
- Detectar furtivos
- Vigilar el coto por la noche
- Prevenir daños
- Proteger la fauna
👉 En manos profesionales, protege.
👉 En manos irresponsables, destruye.
Así de claro.
O ponemos orden o lo vamos a perder.
Esto no es exagerar. Es la realidad que estamos viendo.
Si no se actúa, el resultado es evidente:
- Menos fauna
- Peor calidad
- Peor gestión
- Y pérdida de la actividad
Y lo resumo como lo hablamos en el campo: Sin control, no hay gestión. Sin gestión, no hay fauna. Y sin fauna… no hay nada.
Una responsabilidad compartida.
Aquí no vale mirar hacia otro lado. Esto es cosa de todos: Guardas, Socios, Cazadores… Y cualquier persona que esté en el campo. Hace falta implicación real. Hace falta actuar. Hace falta defender lo que es de todos. Porque lo que se está perdiendo ahora… cuesta muchos años recuperarlo.