Desde el 7 de Aristines: La más que necesaria pulcritud

26/05/2015

 

DESDE EL 7 DE ARISTINES

LA MÁS QUE NECESARIA PULCRITUD

 

Quizás haya elegido un título para esta columna algo enrevesado, pero no se asusten, que uno intentará justificarse y explicar el porqué de las cosas. Pues bien, pulcro dícese de aquello aseado, bello, bien parecido o delicado, esmerado en la conducta y el habla. Quédense con lo de aseado y lo de esmerado en la conducta, sobre todo quédense con eso, y les cuento.

 

Viendo -cada día más alucinado- como está nuestra bendita afición, los que la practican, los que no, los que dicen representarnos y todo el tinglado que rodea a esta locura que hemos dado en llamar caza, resulta que eso de la pulcritud, viene al pelo.

 

Ya en su momento hablé aquí de ciertas “matanzas” que se vienen haciendo por ahí, de esa carrera loca que se ha desatado por los números, por ser más que nadie, matar más que nadie, y cuanto más grande mejor. Todo ello viene al caso, porque pintan bastos para la montería, la caza mayor y todo la cinegética en general. Sabemos los problemas de imagen que tiene nuestro ejercicio favorito, y aún así seguimos generando y moviendo mierda como si tal cosa.

 

No debemos olvidar tampoco, aquello que he mencionado de la representación, de la imagen que dan aquellos que se supone dan cara a la caza en nuestro país. Una federación nacional arruinada, una guerra de taifas entre las autonómicas, asociaciones de nuevo cuño que no mueven un dedo si no es para salir en la foto, cobrar, o incurrir en los tópicos de siempre llamando de todo a los que se dicen ecologistas. Labor didáctica, más bien poca o ninguna.

 

Los medios del sector viéndose en esa tesitura tan de la nueva comunicación -que no de la información-, de ofrecer lo que el público demanda, olvidan también esa necesaria labor didáctica y pedagógica y se echan sin temor -no digo que no empujados por la necesidad- al amarillismo comunicativo. Hay hasta cabeceras que regalan la caza de animales de laboratorio y granja, como si tal cosa oye. Seguimos además premiando con distinciones las “carnicerías” gratuitas y sin sentido ético y deportivo ninguno que se dan en corrales preparados a tal efecto. Los hay que tampoco se arrugan en grabar con todo tipo de nuevas tecnologías estas fechorías, y toda la clase de barbaridades e imprudencias que allí y allá protagonizan muchos que se las dan de muy cazadores. Así está el patio.

 

Y si seguimos con la cuestión de la imagen propiamente dicha, puedo irme a las redes sociales, donde por ejemplo en estas fechas se publican centenares de fotos de corzos en lugar distinto al del abate sin precinto ninguno. Bocas chorreantes de sangre en garajes, graneros y demás lugares poco pulcros y camperos, donde se exhibe el “regis mortis” del más grácil de nuestros cérvidos. También se ven por ahí -revistas incluidas- las típicas fotos montando encima del animal, agarrándolo de las orejas, o exhibiendo la salida de la bala con pieles y carnes colgando… Luego nos quejamos que si los “ecolojetas”, que si son unos “chupasubvenciones”, que si el síndrome de Bambi, etc. No digo yo que esas afirmaciones no encierren su punto de verdad, pero ¿nos hemos mirado al espejo?, ¿somos aseados o damos esa imagen?, ¿somos esmerados en nuestra conducta?

 

Atrévanse a contestarse a esas preguntas, piensen fríamente lo que hacemos, la imagen que damos y la irresponsabilidad de muchos de nuestros actos, no sólo por la imagen que proyectamos, sino porque cae por su propio peso aquello tan manido de la sostenibilidad -ya me dirán lo que tiene de sostenible una zahúrda con animales de granja- y porque en nuestro mundo, saltarse la ley, está muchas veces hasta bien visto. Quizás esto nos venga impuesto por nuestra condición de españolitos. Sí, aquello de “políticos corruptos de mierda”, pero no hemos pagado un puesto con IVA a una empresa que organiza caza en nuestra puñetera vida. Así es, no podemos negarlo.

 

Mientras observen a su alrededor, miren el rechazo que produce nuestra actividad, no intenten justificarse con aquello de la riqueza que generamos porque el tráfico de drogas o la explotación de recursos naturales sin control también generan dinero, y eso no le ve bien nadie.

 

El pasado domingo hubo elecciones autonómicas y municipales en nuestro país, si se han tomado la molestia de ver los resultados con detenimiento observarán algo que por lo menos a un servidor le preocupa, y no poco. El partido animalista PACMA no ha conseguido representación en forma de escaños en ningún parlamento autonómico, pero es en varios lugares la sexta o la séptima fuerza política en número de votos. A ello se añade que en todos los casos, y comparando con los datos de las anteriores elecciones autonómicas, el partido animalista y anti-caza aumenta en votos, incluso en más de una comunidad autónoma llega a doblar los que obtuvo en 2011.

 

Algo está cambiando, y nosotros seguimos en el bar, o en casa, leyendo “nuestras” revistas. Seguimos consintiendo a compañeros de afición que hagan y deshagan al margen de la ley, o dentro de la ley pero fuera de toda ética deportiva, de toda moralidad con cierto sentido conservacionista. Nos hemos creído nuestras propias mentiras, y nos hemos despreocupado de dar a conocer la caza desde un punto de vista mucho más pedagógico, y ante ataques justificados a acciones deleznables del gremio, en vez de unirnos a la denuncia, hemos salido en defensa de maleantes o de aquellos que amparados por la ley disparan al blanco sobre animales desprovistos de salvajismo y de libertad.

 

La caza sólo será aceptada por quien no la conoce, desde unos parámetros exquisitos de deportividad y sostenibilidad. Como aprovechamiento que se regenera y que se hace fundamental para la conservación del medio. Todo aquello que se aleje de esto, no ayuda y no es bueno. Además, en esta sociedad que niega la muerte, que se aleja de nuestros ritos ancestrales, y que ve las guerras tranquilamente por televisión, pero que se escandaliza con la sangre de un animal, nuestra imagen ha de ser no pulcra, sino pulquérrima.

 

De verdad, no consiste en ser más papistas que el propio Papa. Consiste en ser capaces de respetar para que nos respeten, de practicar nuestra afición no sólo con pasión, también con un convencimiento claro y concreto sobre su ética; y todo ello acompañado de un impulso didáctico enfocado a los desconocedores de una actividad tan antigua como el propio ser humano, y tan humana, como la vida misma. No vacilen en lo que les digo, empiecen por uno mismo, y después convenzan y ayuden a los demás, sin duda alguna… NOS VA LA VIDA EN ELLO.

 

F. J. López Maraver

Redactor jefe Lances & Ladras

Todomonteria.com

25 de mayo del 2015

 

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