Publicado el

Crónicas de Monte: Puntal de Abajo y El Toril del Almendro

EL PUNTAL DE ABAJO

ORGANIZACIÓN: MONTEROS DEL HITO

Localidad: PUEBLA DE OBANDO (BA).

Fecha: 8/2/2020

Puestos: 35

Cupo: Libre.

Tipo Finca: Abierta

Nº Has. Monteadas: 500 ha.

Resultado:  

V: 3

J:  16 ( 5 navajeros)

H: 5

CRÓNICA de la Montería:

Citaba Jesús Carrero a sus habituales en la mañana del pasado ocho de febrero en el Restaurante La Montería de Aliseda, para degustar un buen desayuno mientras se ultimaban los preparativos para el sorteo de los puestos que iban a montear la obandina finca de Los Puntales.

En esta ocasión, se cazaría la parte del Puntal de Abajo, que al igual que el Puntal de Poniente se compone de una gran dehesa de encinas con manchones salpicados y muy suaves, los cuales aprovechan jabalíes y venados para encamarse cerca de la comida que aportan sembrados y encinares.

Con puntualidad inglesa y a las ocho y media comenzaba a dar las últimas indicaciones sobre el estado de la finca, comentando que se había visto muy poco rastro de reses, pero si abundantes trompadas y pisadas de los jabalíes, por lo que se esperaba tener una entretenida jornada a cochinos.

Con estas premisas hacía entrega a Don Antonio Sigano Silva de su diploma de montero, dado que consiguió abatir su primer jabalí en la montería del Puntal de Poniente, en la armada del sopié de la majada, siendo juzgado y hecho novio como mandan los cánones. Sin duda un detalle que guardará durante toda su vida.

Tras este inciso comenzaba a dar vueltas la rueda del bingo que va mandando sobre la lista y por armadas fueron saliendo uno a uno todos los monteros.

Había que cerrar con celeridad dado que la poca existencia de maleza hace que los animales no aguanten en los encames y se muevan únicamente con el trasiego de los vehículos en la zona a cazar, por ser extremadamente limpia.

Así, a nuestra llegada a una majada donde apeamos los vehículos y nos acomodábamos en el del postor, nos indicaba el vaquero que tuviéramos especial cuidado entre los dos números uno de las armadas del sopié y del cierre de la romana, porque había un guarro grande que en cuanto subían ellos con el vehículo por la zona, cogía las de Villadiego por entre las dos posturas. Curiosamente una de ellas, la mía.

Así que dispuestos a defender nuestra posición nos bajábamos del vehículo del postor y cargábamos rápidamente el rifle, dejando silla y demás pertrechos a un segundo plano, permaneciendo atentos al inmenso llano que teníamos a las espaldas y sin perder de vista el ribete de monte que teníamos delante. No sin antes claro, marcarme y verme con mi compañero del número dos y por supuesto con el otro interesado, el uno de la otra armada.

El mugir de las vacas en la majada, el trino de los pajarillos desperezándose y una niebla débil era la sintonía que teníamos en esos primeros compases de cacería, atentos, en silencio, hasta que un disparo del vecino del otro uno, seguido de otro y un tercero me ponían en alerta, esperando la aparición despavorida de la inmensa mole que me habían pintado. Pero el sonido quejicoso del suido en los estertores me hizo adivinar que se habían quedado con él.

Tras estos disparos vinieron otros por todo el sopié que fueron extendiéndose en dirección opuesta a mi posición.

Las rehalas entraban al cazadero y cinco minutos antes de las once se producía la suelta, sin dar tiempo a nada para que comenzaran a escucharse ladras y disparos.

La zona, estaba “sopada” de jabalíes.

Entre ladras y tiros andaba pendiente de mi posición cuando lejana, arranca poderosa una carrera seguida de canes, un disparo, después otros más cerca, seguido de otros dos de mi vecino hacían que permaneciera en alerta, cuando gallardo aparecía ante mí un venado que corté la carrera con certero disparo, al que por si acaso doble de remate.

Cargar el rifle y disparar de nuevo mi vecino fue todo uno. Otra ladra que subía dirección a mi armada y el amigo Casimiro Núñez que jugaba lance con un jabalí que como un cohete atravesaba su postura. La ladra seguía en mi dirección y salía el suido de la mancha por entre el número dos y mi puesto, pero buscando la gatera que dominaba, lo dejé cumplir y lo abatí también de un disparo, doblando en el suelo como tengo costumbre. Llegaron de nuevo los perros marcados con la “Z” que menudo recital estaban dando y mordían con ahínco el cochino.

Poco tardaba en atronar de nuevo la sierra mi vecino del sopié, que se estaba divirtiendo de lo lindo, a lo que permanecía atento, por si acaso.

Entre dimes y diretes, ladras y tiros andaba pendiente del pico de monte, cuando me doy cuenta de que por medio del llano y dirección a los vehículos marchaba un cochino de buen porte, sin pensármelo le lanzo una salve dejándola atrás, el cochino no aprieta la marcha, por lo que cargo y adelanto aún más, al apretar el gatillo veo como rueda. ¡No me lo creo!. Pero lejos de caer fulminado, se levanta, pero en vez de seguir poniendo tierra de por medio, se arrepiente y emprende la huida en mi dirección, son instantes intensos en los que aguantas, esperas, viene a su fin, lo apuntaba viendo como cada vez era más grande en la retícula del visor, firmando su sentencia, hasta que decide meterse por una gatera y, ¡ahí ya no majo!, aprieto el gatillo y me quedo con una cochina de gran porte. El puesto estaba siendo tremendamente bueno.

También cumplió un vareto y una piara de marranchones que respetamos tanto el montero que ocupaba el número dos de la armada de Chano como un servidor y casi sin darnos cuenta nos estaba retirando del puesto, con los perros todavía moviendo caza.

A las dos y media estábamos disfrutando de una magnífica comida en la finca mientras se traían a la nave destinada a sala de despiece las reses entre un magnífico ambiente de los allí presentes que exaltando los aciertos unos y recordando los numerosos fallos de otros se divertían entre plato y plato del cáterin de La Montería.

Un total de 16 jabalíes y 3 venados conformaron finalmente el plantel más cinco ciervas, destacando tres de los machos que se abatieron.

Ponía así Monteros del Hito la última piedra en el camino para llegar a su fin de temporada, que tendría lugar al día siguiente en la finca La Matilla, con un ambiente envidiable.

Fte: Carlos Casilda Sánchez.

 

 

EL TORIL DEL ALMENDRO.

Mancha: Hamapega.

ORGANIZACIÓN: FAMILIA GARCIA

Localidad: Guadalcanal (SE).

Fecha: 9/2/2020

P: 57

Rehalas: 20

Cupo: Libre

Tipo Finca: Abierta

Nº Has. Monteadas: 650 ha.

Resultado:  

V: 5

J: 29

Cv: 6

CRÓNICA de la Montería:

Llegábamos a Guadalcanal quien suscribe acompañado de Alberto Covarsí, para cerrar la temporada montera en Andalucía junto a la Familia García, quienes nos habían dado cita para cazar la afamada finca del Toril del Almendro.

Al llegar, muchas caras conocidas, saludos abrazos y encuentros con monteros que sorprendidos nos acogían por no ser zona de caza habitual por nuestra parte, pero allí estábamos.

Tras desayunar en el Meson del Perdigón, y allí mismo se ultimaban los preparativos para el sorteo de las cincuenta y siete posturas con que se iba a cazar la apretada mancha de Hamapega, una extensa sierra de apretadas coscojas y jaras blancas que coronan la parte de olivares del pueblo y besadas por un sopié de retamas antesala de una gran dehesa que guarda gratas sorpresas de venado.

Tras las palabras de Moises García y José Luís Bonilla como jefe de campo comenzaba tras el rezo correspondiente por los monteros fallecidos el sorteo de posturas, para lo que se habían separado puestos de fácil acceso por lo complicada de la mancha, para aquellos que tuvieran dificultades a la hora de andar.

Poco a poco fueron nombrados todos los presentes, completándose las armadas de la antena, el tubo, la charca, las parras etc y tras finalizar y con un sol espléndido comenzaron a distribuir a los monteros para la salida hacia los puestos.

Era necesario cerrar diligentemente, dado que, a pesar de la dureza de la mancha en la parte más alta, el sopié, formado por retamas, se mueve realmente fácil el “ganado”, por lo que había que hacerlo rápido y en silencio. Así, daban las indicaciones y comenzaban la partida de las armadas.

Aun así, por la dehesa se observaba con la colocación del cierre que se salían cinco venados juntos ya del cazadero y por la parte opuesta ídem de ídem con una piara de 14 jabalíes que, encamados en el retamal se habían olido la que se avecinaba.

No fue necesario que entrasen las rehalas para que se produjeran los primeros lances, así, el mejor venado de la montería se abatía en el cierre de la Parra antes de que entrasen las traviesas. Más de treinta detonaciones se habían escuchado, sobre todo en la parte más cercana a la casa de la finca antes de soltar.

Las rehalas abrieron portones a las doce del mediodía y comenzaron su ardua batalla con esta exigente mancha, cazando al choque esta alargada sierra.

La temperatura y el día de sol justiciero de febrero no iba a facilitar el trabajo a los canes, que sumado a la escasez de agua en la parte superior de la mancha complicaba de sobremanera su empeño en sacar los jabalíes de sus encames.

La montería estuvo como las ferias, la parte de la casa se quemaba las pestañas con lances y ladras sin cese, desde el mismo momento de la suelta. Sin embargo, la suelta de las antenas estuvo algo más descafeinada, levantando un venado que era abatido en el sopié, y dos inmensas cochinas abatidas en el cuatro y el cinco de la armada del tubo, en una mancha en la que era de elogiar el mero tránsito de perros y perreros. ¡Ole su trabajo!

Fueron rebuscando poco a poco todos los recovecos de la agreste sierra empeñándose en sacar lo que allí se escondía hasta llegar al choque con las rehalas de la otra suelta, repartiendo lances a los afortunados monteros a quienes cumplían las reses.

La batalla entre perros, reses y monteros estaba servida y los venados dieron su juego, viendo el amigo Mariano como se le marchaba un señor venado por la armada de la charca, y seguido de un jabalí. Está claro que no era su día. Otro venado de gran porte se marchaba herido y no fue posible su cobro, a pesar de seguir la sangre durante mas de un kilómetro, hasta llegar a un punto en el que ya se perdía el rastro. Y en el cierre de la Parra se fallaba otro venado y otro jabalí, abatiendo un segundo venado y un segundo jabalí, partiendo así el puesto con el campo.

Y es que ésta finca es de las de andar de uñas, con tiraderos escasitos, con puestos cerrados y tensión máxima, por lo que es comprensible los numerosos fallos entre los monteros, aunque también hubo aciertos como era de esperar.

Los perros permanecieron en su empeño tras las reses de principio a fin, con tramos de mancha durísimos donde los perreros tenían que caminar “de gatas” porque el monte no les permitía hacerlo erguidos. Toda una cacería a la heroica.

Sobre las tres y media volvían los perreros a los remolques literalmente reventados, dejando atrás a muchos de sus guerreros que seguían rastros y haciendo levantes dentro de la espesura, pero era hora de retirar a los monteros y disfrutar de una buena comida.

Allí esperaba el amigo Juan, con su clásico catering en el que no faltó de nada mientras comenzaba el trabajo de sacar las reses del espeso montarral.

Sentados a la mesa los monteros comentaban sus lances, unos acertados, otros fallidos, pero en líneas generales todos satisfechos mientras fueron llegando al cortijo los remolques con las primeras reses.

Finalmente se sacaron al plantel un total de 29 jabalíes, 5 venados y 5 ciervas, consiguiendo así el record de animales abatidos en esta finca, destacando seis buenos navajeros y el enorme tamaño de las jabalinas, por lo que los monteros se servían de la ocasión para inmortalizarse junto a ellas por el gran porte de las mismas, de los cinco venados había tres bonitos y dos de montería, una pena se fueran los mejores que se tenían vistos desde ya hacía bastante tiempo, pero esto de la caza en abierto es así.

La tónica general fueron caras de satisfacción para un cierre de la temporada en Andalucía junto a grandes personas y en una entretenida jornada, con monteros que a pesar de ser domingo aguantaron hasta tarde en el cortijo.

Destacar sin duda el trabajo encomiable que hicieron todas las rehalas, las de Cazalla, Guadalcanal, Sevilla y Huelva. Sin ellos no habría montería, un trabajo duro.

Mencionar a la rehala del lunes que falleció su padre hace muy poco tiempo, el Gran lunes que fue unos de los grandes maestros de la zona en cuanto a monterías. Destacar a la familia Pinelo por todo el trabajo realizado, en especial a Ana que se lo trabajó bien duro, al amigo José Maria la voz de la sierra, a Don Luismi Baez que se presentó allí recién operado de apéndice, a los incombustibles Miriam y Miguel que tuvieron que volver a por un perro al día siguiente después de estar media noche allí esperándolo, y a todos los demás que me quedo para atrás por ser imposible nombrar.

Agradecer también desde la organización a David Mejías, Queco y José Chamorrin todo el trabajo realizado en este tiempo.

Y por supuesto al capitán de montería José Luis Bonilla. ¡Y los suyos!

Hacer también una mención especial por ver a tantos niños en esta montería, teniendo en vuestras manos una cantera que no se puede perder.

Y mencionar a África y Nicolás los pequeños García que se portaron genial con todos.

Fte: Carlos Casilda Sánchez.