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CRÓNICA EL GUACHO- CD Monterías Sierra de Huelva

El buen trabajo dio sus frutos.

Comenzaba su andadura el Club Deportivo Monterías Sierra de Huelva cazando la mancha Sierra del Guacho, de la afamada finca Las Lanchuelas, en el término municipal de La Nava, Huelva.

Mucha ilusión en los miembros y responsables de este nuevo grupo montero onubense, que tiene como objetivo la práctica y divulgación de la montería en abierto cazando entre amigos, y el compartir agradables ratos de sierra monteando a precio de costo.

Y como primera piedra de toque, El Guacho, una mancha muy quebrada y dura de cazar, pero muy montera, donde abatir los astutos jabalíes es tarea casi imposible, pero que tiene el aliciente de ser querenciosa para el cervuno y albergar siempre algunos trofeos destacados de esta especie.

Esta temporada, esta agreste sierra guardaba un tesoro especial, celosamente custodiado por el equipo de campo de la organización, con Juan Carlos González al frente. Se trataba de un espectacular venado que sin ser metal lo aparentaba, que merodeaba por las cuerdas y barrancos junto a la traviesa de la Nave, y que desde meses atrás traía en vilo a toda la organización, cuidándolo con esmero y sigilo para intentar que apareciera el día de la montería en la junta de carnes. Además de este soberbio ejemplar, que incluso tenían inmortalizado en varias fotografías, la mancha encerraba otros tres o cuatro ejemplares de bonita envergadura, por lo que se antojaba una montería de lo más ilusionante y atractiva.

Durante las semanas previas a la montería, El Picante, Norberto, Juan Carlos y Carlos, entre otros, redoblaron vigilancia, mimos y cuidados para que las reses estuvieran tranquilas y que el “Rey del Guacho”, ese “Sultán” con alma bohemia y corona laureada, siguiera aquerenciado en aquellas ondas umbrías.

Con todos los preparativos dispuestos, y no sin pocas dificultades para tener todo atado a la perfección en cuanto a sorteo y  protocolo anticovid se refiere, la organización llamó a filas a los 41 afortunados monteros que iban a cerrar la mancha  el sábado 17 de octubre, y a las 8:00 h de la mañana se repartía la suerte en un sorteo limpio y con todas las medidas de seguridad en funcionamiento.

Pronto salía el Cierre de la Majá, cuyos 6 puestos habían sorteado antes para acelerar su colocación, y acto seguido hacían lo propio el resto de cierres y traviesas. A eso de las 10:30h estaba la mancha totalmente montada y entraban las recovas para soltar colleras, cosa que hicieron pasadas las 11:00 h de la mañana.

El tiempo era extraordinario, con un día despejado y fresco, que luego fue tornándose en caluroso a medida que pasaban las horas, pero con una agradable brisa matutina que ayudó a perros y podenqueros durante la primera parte del monteo.

Y con los perros en el monte los disparos en la mancha no tardaron en oírse, aunque ya, antes de la suelta, en el cierre de la Majá había un puesto con dos venados patas arriba, uno de ellos un bonito 14 puntas, y otros habían jugado lance también.

Medio centenar de tiros se contabilizaron en la primera hora de montería, y las ladras seguían escuchándose por aquellas inmensas y profundas sierras. La cosa prometía.

Y fue a eso de las 12:30h cuando el “Rey del Guacho” decidió abandonar el encame y sumarse a la fiesta para protagonizar un lance, que quedará en el recuerdo de muchos, y terminar inmortalizado en la memoria de todos. Este galán era sin duda el venado deseado por todos, el venado de la montería, y el “ojito derecho” del organizador, que lo había cuidado con esmero durante mucho tiempo, ocultando incluso su existencia a los propios monteros hasta el mismo día de la batida para librarlo así de las balas asesinas de los que no respetan las reglas del juego.

Un venado que en manos de otro tipo de organizador hubiera terminado hecho billetes en berrea, sacando por él un buen dinero, pero que Juan Carlos González quiso reservarlo para el día de la montería y que lo disfrutaran así los cazadores que han confiado en él. Más honestidad imposible.

De esta forma, sin perros y zorreado, el venado abandonó el encame que tenía por debajo del puesto nº 1 de la traviesa de La Nave y comenzó a buscar la cumbre desplazándose siempre por el viso, evitando así ser tirado por los monteros de ese puesto, que teniéndolo metido en el visor esperaban se volcara hacia su postura para ejecutar el lance.

Pero el astuto animal se volcó para el otro lado, dándole cara al puesto nº 2, que no daba crédito al ver a tan majestuoso animal encaminándose hacia la tablilla paralelo a la alambrada ganadera que partía la mancha en dos. Unos 200 metros separaban venado de cazador.

¡Menudo animal!, ¡cuanta belleza y gallardía en su caminar, ladera abajo, y cuanta leña en su coronada cabeza!.

El montero, agazapado bajo la sombra de un madroño, lo dejaba cumplir esperando verle la muerte para ejecutar el lance, pero el animal, curtido en mil batallas, se alertó de la presencia de personas junto a la nave donde posteriormente se celebraría la comida, que estaba a unos 300 metros por detrás del puesto, y dando un tornillazo viró a la derecha saltando la malla sin rozar alambre, empezando así una alocada carrera para cruzar la monda de la cuerda en busca del barranco, carrera que intensificó tras el primer disparo errado del montero.

Pero la suerte le duró poco, ya que el segundo disparo alcanzó al animal, haciéndole disminuir la velocidad, y un tercer disparo lo echó a tierra, hincándolo de cabeza en el suelo. Respiraba así el montero, que mientras descerrojaba por tercera vez y se disponía a recargar el arma, veía atónico como el bravo animal se levantaba y buscaba tambaleante el perdedero, cosa que no pudo impedir un cuarto disparo del cazador, antes de hacer viso el animal. Poco después se escuchaban en el barranco varios disparos, y el lance se culminaba felizmente.

Luego llegaron las rehalas al puesto y por orden del organizador se fue a la sangre, encontrándola en el sitio del disparo, junto al arrollón de la caída, siguiendo el rastro la rehala hasta dar con el animal, que había sido abatido por uno de los puestos de esa armada. Todo había concluido y  ahora sí, montero y organizador respiraban tranquilos, pues el gran venado iba a ser presentado en la junta de carnes, cumpliéndose el objetivo por el cual se había trabajado tanto durante tantos meses.

Y a todo esto, por el resto de armadas seguían escuchándose los rifles y las ladras, llegándose a contabilizar otro medio centenar de disparos entre las 12:30 h y el final de la montería.

Rafael Lancha se había hecho a primera hora con un bonito venado en el nº 1 de Los Eucaliptos tras jugarle un soberbio lance, mientras que Juan Antonio Tamayo se hacía con un 12 puntas en el nº 6 de esa armada.

Jorge Rodríguez había hecho lo propio con otro venado de 12 puntas en el nº 3 de la Majá, sonando ya la campana.,  y en el nº 1 de la Ermita Abel Aguilera se hacía con una bonita collera de venados de 12 y 14 puntas, al igual que José Manuel Sánchez en el nº 3 de Las Cañas.

Otro venado de 14 puntas era abatido por Antonio Santamaría en el nº 8 del Colmenar, armada en la que Andrés del Pino, ocupando el nº 5, cobraba otro bonito ciervo de 12 puntas.

En la traviesa de la Nave la cosa también estuvo animada. En el nº 2 Emilio Jiménez cobraba el venado grande y fallaba dos cochinos a cascaporro, mientras que Francis Muriel abatía 1 venado y 1 jabalí en el nº 6, pues los guarros se movieron principalmente por el barranco que faldeaba esa traviesa. También cobró un venado y una cochina Cristopher Ortega, en su paso nº 7 de la armada de El Niño, además de otros monteros que tuvieron lances sobre venados, jabalíes y ciervas.

Concluida la jornada, una buena comida esperaba a los monteros en una nave de la finca, en medio de esa majestuosa sierra, mientras el personal de la organización recogía las reses abatidas.

Ambiente distendido entre los monteros, que en mesas numeradas y asignadas por grupos familiares o de amigos, dieron buena cuenta de unos ricos entrantes y un magnífico cocido.

Luego la junta respondió a las expectativas y aparecieron esos venados bonitos de montería que se esperaban, y que en abierto no son frecuentes abatir, y el famoso “Sultán del Guacho” el rey de los venados de aquellas sierras, que junto a los jabalíes y ciervas cobradas completaron una losa de 30 reses, de las que 16 eran venados,4 cochinos y 10 ciervas.

Gran trabajo el de la organización, rehalas y podenqueros, que se vio recompensado con un plantel muy bonito y la satisfacción de los monteros presentes al comprobar en primera persona y sobre el terreno, que estábamos cazando con una organización seria, honesta y honrada, a la que la presentación de ese gran venado en la junta de carnes, hizo tanta ilusión o más que al propio montero que tuvo la fortuna de jugarle lance y cobrarlo finalmente. Gracias por el ejemplo que nos habéis dado y por ser como sois. Personas como vosotros hacéis GRANDE a la montería. Nos vemos en la próxima.

Enhorabuena a los afortunados y que siga la racha. Estamos en buenas manos.

FICHA DE LA MONTERÍA.

MONTERÍA: SIERRE DEL GUACHO

ORGANIZACIÓN: CD MONTERÍAS SIERRA DE HUELVA

Localidad: LA NAVA-H

Fecha: 17-10-2020

P: 41

RH: 16

Cupo: V+J+H

Tipo Finca: Abierta

Nº Has. Monteadas: 700

Resultado:  

V: 16 (6 destacados)

J: 4

H: 10