Crónica El Dehesón-( Sierra de San Pedro)

19/11/2015

MONTERÍA: El Dehesón

Localidad: Guadalupe (Cáceres)

Fecha: 15-11-15

ORGANIZACIÓN: Sierra de San Pedro SL

 

P: 47

RH: 12

Cupo: Sin cupo a venados y cochinos

Tipo Finca: Abierta

Has. monteadas: 450 aprox.

 

Resultado:  

V: 17         

J: 7           

 

EL PLACER DE CAZAR CON SIERRA DE SAN PEDRO SL

 

Citaba José Higuero a su habitual grupo de monteros para cazar el coto Ibañazos, conocido también como El Dehesón. La reunión era el pasado domingo 15 de noviembre, a las 9 de la mañana, en la casa de la finca.

Reencuentros y saludos tras haber cazado el día anterior las fincas de Solana y Natera, en el Tajo Internacional, que resultó un día espléndido donde se presentaron en la junta de tarde 58 venados y 14 cochinos. Eso sí, esta vez el escenario cambiaba radicalmente, y de los riberos de jaras y encinas, se pasaba a plenos Ibores, entre robles, castaños, pinos, brezos y zarzas, con los colores del otoño en todo su esplendor.

Siete armadas se repartían en la dura sierra a cazar, y tras las acertadas y diligentes palabras del capitán de montería, se rezaba y comenzaban a salir las primeras líneas de puestos.

No más tarde de las 10:30 estaban todos los puestos colocados, las mulas en su lugar o en disposición de avanzar con las rehalas, y antes de las 11 de la mañana se daba suelta a las mismas. Previamente a que aparecieran los canes en escena, ya se habían escuchado algunos disparos que retumbaban de manera especial bajo las crestas del pico de San Bonifacio. Además, eran muchos los puestos donde la guardia se hacía con hincapié, pues se habían escuchado reses y cochinos cercanos sobre el manto de las hojas de castaños y robles.

Empezaban a apretar las recovas, y la sinfonía era perfecta, lances chorreados -aunque algo escasos-, y nadie se adelantaba u osaba avanzar sin perros. Las voces del capitán mandando parar o avanzar, y las de los perreros cantando carreras o animando a los perros eran una auténtica delicia. Se cazaba como Dios manda, llevando la mano a la perfección y guiándose por las ladras y las voces, sin ni siquiera necesidad de emisoras.

Los puestos más altos de la Majadilla de Los Tableros, disfrutaban de lances sobre varios venados, y en muchas puertas entraban corzos y corzas que con sus carreras volvían locos a podencos, sabuesos y atravesaos. A cada armada que llegaban los perros, se cruzaba en línea recta, conformando un espectáculo para los monteros ver cruzar al unísono a todos los rehaleros -algunos montados a caballo- y al capitán que ordenaba la mano.

Así discurrió la soleada mañana, con algunos momentos sin carreras y lances, con algún agarre, y con disparos que de vez en cuando tronaban en aquel trocito de Extremadura. Remataba finalmente la mano de las recovas, y poco a poco se volvía sobre los pasos, de nuevo se cazaba a conciencia, y se sucedían lances en Valsames, en Los Sapos o en La Nogaleja.

A eso de las 14:00 horas llegaban los perros a donde comenzaron a cazar, y algún puesto disfrutaba de esos lances de última hora que tan bien saben. Todo había discurrido con precisión y despaciosidad durante las horas propias del monteo, y la recogida se impregnaba también de minuciosidad y naturalidad en los modos y maneras. Las mulas hacían ahora su duro trabajo.

Junto a la casa de El Dehesón tuvo lugar la comida, donde se sirvió un apetitoso cocido, que fue acompañado de exquisitas peras al vino. También allí cerca se descargaban los primeros remolques, y comenzaba a formarse un plantel de recios venados -donde destacarían dos ejemplares-, y menos cochinos de los esperados, donde destacaba por encima del resto un bonito macareno.

Finalmente a las 4 de la tarde todos los asistentes disfrutaban de una junta con 17 venados y 7 cochinos, y poco a poco el sol descendía para acercarse a las crestas de estas sierras de Villuercas e Ibores. El resultado era lo de menos, algo que ocurre siempre que se respetan los cánones tradicionales de la montería, donde el tiempo discurre lento entre ladras, voces y disparos, y donde montear se torna algo muy natural que se convierte en un auténtico placer.

 

F. J. López Maraver

Fotos: autor.

 

 

 

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