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B.I.C. ANDALUCIA: GANA LA CAZA.

 

Sevilla a 10 de agosto de 2020

 

No creo que nadie discuta esta afirmación tras la declaración oficial de la Montería y la Rehala como Bien de Interés Cultural en Andalucía, según resolución del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía el pasado 4 de agosto, publicado en el BOJA de hoy. Es hora de felicitarnos por el trabajo bien hecho. Una labor no siempre visible pero que ha estado ahí, día a día como un goteo constante, superando todo tipo de adversidades. Además de constancia, este proyecto ha sido y debe seguir siendo, modelo de unión del sector cinegético así como de lo que se puede conseguir si sabemos coordinar los esfuerzos entre todos. Si bien es cierto que el proyecto BIC montería-rehala en Andalucía ha tenido como promotores a la Federación Andaluza de Caza, a Ateca y a la Asociación Española de Rehalas, cuando fue requerido el apoyo del sector, saltaron como un resorte instituciones como la ONC, Fundación Artemisan, el Real Club de Monteros, Assicaza, Arrecal, la ADF Baños de la Encina o la Fundación Jaime González-Gordon, además de otros particulares, dando un paso al frente como colaboradores en apoyo de la iniciativa.

Echando la vista atrás, esa solidaridad se anunciaba ya, cuando en aquella charla organizada de forma improvisada por la AER la tarde del 20 de marzo de 2015, en la feria Cinegética, los dirigentes de estas instituciones asentían ante la soberbia exposición que, de forma altruista, nos regaló François Zumbhiel, uno de los mayores especialistas sobre patrimonio inmaterial, al hablar de la montería y la rehala, en el contexto de la caza. En ese sentido, también se pronunciaba María Gunde, responsable de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura en la reunión que mantuvimos con ella ese mismo día.

A partir de entonces, en enero de 2016, se formalizó el acuerdo con la Universidad de Sevilla y hasta la presentación oficial del proyecto el 14 de julio de 2017, las tres entidades promotoras hemos creado un grupo de trabajo que ha invertido muchas horas para aportar al equipo de antropólogos la información suficiente. Entrevistas con personajes de relevancia en nuestra afición han quedado grabadas. Entre ellas, por aunar sabiduría con simpatía, siempre conservaré grabada en la memoria la realizada a Juan Sangrán Medina  (q.e.p.d.) y a Leopoldo Parias Calvo de León  en el Club Antares el 24 de marzo de 2017. Visitas al campo para comprobar la diversidad y riqueza de la montería y la rehala en Andalucía, presenciando cómo compartían valores y ritos las organizadas por las sociedades de cazadores, con las monterías comerciales, de peñas monteras o las de invitación con más solera.  Cuantos personajes anónimos han colaborado con su conocimiento y experiencia heredados. Nuestra gratitud a todos ellos. Qué decir de la extensa e intensa bibliografía que ha servido de archivo histórico para refrendar la existencia y transmisión de los valores propios de estas actividades en Andalucía. Toda esa información ha quedado archivada y forma parte del legado que dejaremos a las futuras generaciones.

Aunque el compromiso de los promotores iniciales del proyecto fue y es asumir responsabilidad y costes a partes iguales, que a nadie le quepa la menor duda que sin la voluntad firme de la Federación Andaluza de Caza, el proyecto no habría salido adelante. No solo por la resolución de su junta directiva, con su presidente José María Mancheño a la cabeza, sino porque, como señaló la FAC en su nota de prensa de 15 de marzo de 2017, sus más de 300 sociedades federadas se han volcado con la iniciativa, generando una presión social que ha dado como resultado que más de 150 ayuntamientos andaluces y varias diputaciones provinciales hayan aprobado mociones en favor de la iniciativa. La montería y la rehala tienen todos los ingredientes para su reconocimiento, pero para generar la necesaria voluntad política ha sido imprescindible la presencia y movilización de la FAC. Gracias a este peso, más allá de la presentación del informe, la Federación Andaluza de Caza, a través de su presidente, ha seguido presionando a la Administración hasta conseguir el compromiso firme del actual equipo de gobierno de la Junta de Andalucía con el fin de llevar a buen puerto el proyecto. Que quede constancia de esa labor de José María Mancheño y de nuestro agradecimiento.

No quiero terminar estas líneas sin recordar que la declaración oficial conlleva la necesidad de adoptar unas medidas de salvaguarda de los bienes protegidos. Según el magistral informe técnico del Departamento de Antropología Social de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, encabezado por el profesor Pablo Palenzuela, el reconocimiento oficial nos obliga a promover e impulsar campañas que redunden en la mejora de la imagen de la montería y la rehala, su conjunto de tradiciones y valores, una tarea permanente que comienza ya, en el ejemplo que hemos de dar cada montero y rehalero al salir al campo la próxima temporada y en cómo transmitimos a la sociedad los valores que han hecho de estas actividades dignas de protección. Por ejemplo, cuando vayamos de montería, sería un buen indicador ver más zahones y escuchar con más frecuencia las caracolas de aquí en adelante. No se trata de lo que hacemos, sino de cómo lo hacemos. Todos los cazadores somos parte del proyecto y del resultado. La declaración BIC otorga privilegios, pero también impone obligaciones. Asumir este compromiso estoy seguro va a mejorar estas actividades y como consecuencia de todo ello, la Caza ha de salir ganando.

¡VIVA LA CAZA!

Alfonso Aguado Puig

Presidente Asociación Española de Rehalas