Algunas reflexiones sobre el furtivismo: El ejemplo africano. Por José Luis López-Schümmer

05/05/2021

Algunas reflexiones sobre el furtivismo. El ejemplo africano.

 

José Luis López-Schümmer, presidente de Fundación Artemisan

 

La población mundial aumenta a un ritmo vertiginoso y demanda más tierra para cultivar, más agua para su ganado, más comida, más bienestar, más infraestructuras. En África viven en la actualidad 1,3 millardos de personas y en 2050 podrían ser 2,5 o 4,3 en 2100. Las emisiones de CO2 y el cambio climático también suponen un riesgo evidente para gran parte de los ecosistemas más frágiles del planeta.

Adicionalmente, el campo se rotura, las ciudades crecen, nuevas carreteras atraviesan santuarios naturales, el ganado compite con la fauna por el pasto y los animales se ven confinados cada vez más en espacios reducidos. Los animales salvajes ya solamente representan el 4% de los mamíferos terrestres, los humanos representamos el 36% y el ganado el 60% restante.

Además de los retos que supone para la fauna el avance de la civilización y que hemos enumerado anteriormente también existe otra gran amenaza: el furtivismo rampante. El furtivismo es, sin duda, una de las principales lacras del siglo XXI.

El furtivismo según lo define la RAE es “la práctica de la persona que caza, pesca o hace leña en finca ajena, a escondidas de su dueño”. No quiero detenerme en la pesca o el robo de madera que son temas muy graves, pero que exceden a los comentarios de este artículo. La caza furtiva es un delito grave que está llevando a la extinción a un considerable número de especies.

¿Y qué es el furtivismo?

En esta categoría entras varios tipos: los nativos que matan animales para consumirlos o venderlos en mercadillos, los habitantes locales que matan animales por los conflictos o daños que generan, las personas que buscan trofeos por codicia o para revenderlos y, finalmente, las mafias más o menos organizadas que buscan animales cuyas pieles, cuernos, colmillos u otros despojos tienen un alto valor en el mercado. Para agravar las cosas existe también un tráfico considerable de animales vivos.

En Europa o América del Norte el problema sería sencillo de controlar si la administración pública se tomase más interés en el asunto. Además, en estos continentes solamente existe un problema limitado de furtivismo para autoconsumo y el verdadero problema que encontramos en Europa es la caza furtiva de trofeos y también la de animales para la venta de su carne.

«El problema es más acuciante en África y Asia, donde se entremezclan todos los problemas con infinidad de guerras y conflictos étnicos y religiosos»

Pero, como digo, sería sencillo de controlar con algunas herramientas: autorización por jueces para grabar conversaciones o para rastreo de teléfonos móviles, registros domiciliarios a reconocidos furtivos, mayor rechazo social, mayor control en carreteras y, especialmente, endurecimiento de las penas. El problema es más acuciante en África y Asia donde se entremezclan todos los problemas citados con infinidad de guerras y conflictos étnicos y religiosos.

 

Hay muchos ejemplos, pero me gustaría enumerar solo el de unas cuantas especies:

• El saiga es un antílope asiático que vive en las planicies de Kazajistán, Uzbekistán, Mongolia y Rusia. En los años 90 vivían más de 1 millón de estos curiosos animales, pero en 2005 solo quedaban unos 30.000 ejemplares. En nuestros días el número se ha incrementado gracias a un exquisito cuidado de la especie, pero no llega a 150.000. ¿El motivo del declive? La caza furtiva de machos para usar sus cuernos en la medicina tradicional asiática y las enfermedades.

• El tigre vivía en numerosos países asiáticos. A principios del siglo XX existían unos 100.000 tigres, pero en la actualidad apenas sobreviven 3.900 de estos felinos en estado salvaje. Varias de sus subespecies se han extinguido. A pesar de la prohibición de su caza deportiva en la India al final de la década de los 70 la población no se recupera. El motivo: descenso del número de sus presas naturales, envenenamiento para defender ganado, destrucción de su hábitat y el comercio ilegal de sus huesos para la medicina tradicional asiática.

• El elefante africano era un animal muy abundante. Los cálculos más recientes estiman su población en 26 millones en 1800, 10 millones en 1900, 5 millones en 1950, 1,4 millones en 1970 y algo más de 400.000 en la actualidad. Los motivos de este brutal declive son la degradación del hábitat, los conflictos con los hombres y la caza furtiva. La caza furtiva en la actualidad está manejada por mafias que venden el marfil especialmente en países asiáticos. Sin embargo, la evolución de las poblaciones no ha sido similar en todos los países. Los furtivos matan cada año más de 30.000 ejemplares.

Los paquidermos de África central, occidental y oriental están en mínimos históricos o incluso extintos en gran parte de su hábitat original, mientras que la población meridional se mantiene e incluso se incrementa. El sur del continente – Botsuana, Zimbabue, Namibia y la República Sudafricana acogen más del 70% de la población total. En Kenia, por otro lado, se prohibió su caza deportiva en 1973 cuando quedaban unos 275.000 ejemplares y en 1989 la población había bajado a 16.000, desde entonces se duplicado hasta los 35.000 ejemplares. Es decir, la prohibición de la caza deportiva no parece ser la solución, sino más bien pudiera provocar el efecto contrario.

A partir de ahora, hablaré algo más sobre la situación en África. Lo cierto es que el panorama es sombrío, la población sigue creciendo, como dije al principio, y en muchos países del África central y occidental las selvas están repletas de lazos y cepos. En los mercadillos locales se exhiben miles de pequeños antílopes y simios que no consiguen satisfacer la legítima demanda de proteínas.

En comarcas donde la ganadería entra en conflicto con los grandes carnívoros se usa el veneno de forma indiscriminada. Y, por supuesto, las mafias siguen ofreciendo sueldos ventajosos a los que traigan colmillos de elefante, cuernos de rinoceronte o huesos de león. La guerra entre estas mafias y los vigilantes o scouts es muchas veces a vida o muerte. A este paso, en pocos años solo quedarán animales salvajes en parques nacionales sujetos a una estricta vigilancia.

 

¿Tiene alguna solución el furtivismo rampante?

La respuesta no es sencilla y, en mi opinión, pasa por una colaboración más estrecha entre todas las partes implicadas:

«Los movimientos conservacionistas tienen que colaborar con las asociaciones de cazadores»

1. Los nativos y los gobiernos locales tienen que recibir dinero y trabajo por mantener la fauna salvaje. Además de ello hay que educar a la población para que conozca lo que está pasando y valore la naturaleza que les rodea. Pero sin bienestar no hay conciencia ecológica.

2. Los movimientos conservacionistas tienen que colaborar con las asociaciones de cazadores ya que ninguno ellos por sí solo será capaz de ganar esta guerra. El enfrentamiento es totalmente contraproducente.

3. La presión internacional sobre los consumidores asiáticos debe recrudecerse. La prohibición de la exportación y la vigilancia sobre el comercio debe ser más exhaustiva.

4. Los países occidentales y todos los organismos internacionales deben asegurar la seguridad, la estabilidad y la prosperidad económica de estos países.

Voy a explicar ahora con más detalle cada uno de los puntos.

 

1. No podemos pretender que los habitantes de una comarca respeten el ecosistema, ni a los animales si no obtienen un beneficio de ello.

En los grandes parques el turismo fotográfico garantiza esos empleos y la población local acepta de buena gana esos santuarios. Pero, ¿qué pasa fuera de estos santuarios? Son aquellos lugares menos adecuados para el turismo: falta de infraestructuras, paisajes menos vistosos, clima más caluroso, menor densidad de fauna, abundancia de mosquitos y moscas tsé-tsé, enfermedades tropicales, alojamientos inexistentes…

En muchos de estos lugares aún viven miles de animales salvajes en competencia directa con la población. Los elefantes atacan los pobres cultivos de secano, los leones devoran el ganado o a las personas, las manadas de antílopes se beben la preciosa agua en la época seca. Si has perdido tu cosecha o un león ha devorado a un hijo la protección de la naturaleza pasa a un segundo plano.

Parece evidente que si la población local no obtiene un beneficio directo de esos animales se los comerá, los envenenará o los venderá a las mafias. Además de ello destruirá el hábitat y reducirá las masas forestales. Hay tantos casos en el mundo que parece mentira que las personas en occidente no sean capaces de comprender el problema. No entienden, desde su visión urbana y romántica de la naturaleza, que no se puede imponer la presencia de animales salvajes a los habitantes de una comarca.

«¿Existe una solución a este problema? La respuesta es que sí existe y se llama caza deportiva»

¿Existe una solución a este problema? La respuesta es que sí existe y se llama caza deportiva.

A través de los alquileres de concesiones de caza, el pago de las tasas gubernamentales, la distribución de la carne de los animales abatidos, el empleo que genera una cacería, el mantenimiento de campamentos fijos, el reparto de dinero a la población local y la creación de patrullas anti-furtivos la caza deportiva es capaz de mantener la fauna en “esos otros” lugares donde los turistas convencionales no quieren o no pueden ir.

Hay miles de ejemplos dónde se ve el buen funcionamiento del sistema: el marjor de Pakistán que estaba a punto de extinguirse se ha salvado gracias a los potentes cuerno-dólares y de rebote está incrementando el número de leopardos de las nieves en esas comarcas, los elefantes en los países meridionales que mencioné más arriba se mantienen o aumentan gracias a que en esos países se mantiene una cuota anual de caza, los rinocerontes blancos que también estaban a punto de extinguirse se han salvado y ahora prosperan en Namibia o la RSA gracias a los ranchos privados que los mantienen para su caza, los rinocerontes negros, en el lado opuesto, que apenas se cazan están al borde la extinción, en los países africanos que he mencionado, pero también en Pakistán o Kirguizia, el número de mamíferos salvajes se ha multiplicado mientras que la India o Kenia, donde la caza deportiva está prohibida desde hace más de 40 años, han perdido más del 70% de su fauna.

Esta paradoja no siempre es fácil de entender, pero está más que demostrado que en países donde la caza deportiva supone una importante fuente de ingresos la fauna prospera y que donde no se caza la fauna salvaje es aniquilada y sustituida por animales domésticos y agricultura de subsistencia.

 

2. La situación es tan grave que solo con la colaboración de todas las partes podremos salvarnos de esta hecatombe y de la extinción masiva de especies.

Los cazadores podemos trabajar sobre el terreno, aportar cantidades ingentes de dinero, generar empleo o luchar contra la caza ilegal. Los movimientos conservacionistas tienen que hacer lobby ante los organismos oficiales, gobiernos, medios de comunicación o comunidades locales.

Ninguna de las dos partes debe pensar que su enemigo es la otra parte, sino que lo son las mafias, los furtivos y los demandantes de animales. Si nos fijamos en España veremos que el oso pardo o el lince ibérico solo podrán prosperar con el acuerdo de todos, especialmente de los cazadores que, en la mayoría de los casos, son los dueños del territorio y los custodios de estas y otras especies.

El creciente movimiento animalista en occidente puede resultar fatal para los propios animales, ya que la prohibición de la caza deportiva produciría un abandono inmediato de las áreas de caza por parte de los guías y vigilantes con el consiguiente incremento de la caza ilegal y furtiva. Los animalistas deben aceptar qué, aunque no les gusten los cazadores, estos son un “mal necesario” y que en muchos casos son el último muro de contención frente a la destrucción total. Si no conseguimos que cada parte asuma su rol en veinte años habrán desaparecido gran parte de los grandes mamíferos que aún quedan en el continente africano.

 

3. La presión debe recaer sobre los consumidores finales.

Hay que luchar contra mafias y furtivos, pero el objetivo final deben ser los consumidores. No vale para nada eliminar a un pobre hombre que se juega la vida matando un elefante con un arma primitiva si no cortamos de raíz la demanda. Mientras los chinos paguen en el mercado negro 50.000$ por un kilo de cuerno de rinoceronte o auténticas fortunas por el marfil no podremos erradicar el problema.

No es suficiente prohibir el comercio internacional de colmillos de elefante si no somos capaces de imponer la prohibición. Un cazador deportivo tiene que someterse a las reglas más estrictas para cazar e importar sus trofeos en Occidente, mientras que los comerciantes asiáticos importan sin pudor todo tipo de despojos de animales en peligro de extinción.

«Lo que más ayudaría a mantener esos espacios salvajes vigilados y cuidados sería incrementar el número de safaris»

Incrementar el rigor contra cazadores deportivos, someterles a más restricciones, impuestos o ataques en redes sociales no va a servir para salvar al elefante o al tigre de la extinción. Lo que más ayudaría a mantener esos espacios salvajes vigilados y cuidados sería incrementar el número de safaris.

Cada vez que una línea área pone dificultades para transportar armas en la bodega o para exportar trofeos legales, cada vez que la aduana pone trabas para importar trofeos cazados legalmente están colaborando en la muerte de cientos de animales por furtivos. Por cada elefante que se caza legalmente en África se abaten cientos o miles de forma ilegal. Existen métodos en el mundo para sancionar y perseguir a los países importadores, por poderosos que sean.

Por otra parte, no podemos imponer un nuevo colonialismo moral a los países africanos. Muchos de ellos gestionan sus espacios naturales de forma brillante y pretender desde occidente dar lecciones o imponer restricciones no deja de ser una forma de creer que somos superiores a ellos. Si un país del nivel de Botsuana, ejemplo de transparencia, seguridad y gestión de su naturaleza, ha decidido reabrir la caza deportiva del elefante, en vez de criticarles y hacer reproches desde una supuesta superioridad moral deberíamos tratar de entender sus razones.

No nos empeñemos en demonizar a unos pocos miles de cazadores que visitan el continente africano cada año y fijemos el foco en la medicina tradicional asiática o en los mercaderes de esculturas de marfil de Hong Kong o China que son los verdaderos causantes de la situación.

 

4. El mayor enemigo de los países africanos es la corrupción y la inestabilidad política.

La descolonización de África fue caótica e impuso algunas dictaduras corruptas que en pocos años liquidaron la fauna y los bosques de sus propios países por un puñado de dólares. Desde entonces ha habido guerras – sin citar todas – en Angola, Mozambique, Zimbabue, Somalia, Ruanda, Uganda, Chad, Congo, República Centroafricana, Sudán y un largo etcétera. Hay países que caen en manos de bandidos o grupos terroristas como Burkina Faso o Níger y esto provoca la huida precipitada de organizadores de safaris que abandonan el terreno.

La impunidad es total y en pocos meses se liquida toda la fauna. Además, desde estas naciones conflictivas se exporta la inseguridad. La inseguridad y los ataques más allá de las fronteras hacen que se retiren las empresas organizadoras y el campo queda a merced de las mafias que en pocos meses exterminan todo. Occidente y todos los organismos oficiales tienen que implicarse en estos conflictos. En algunos años la población africana representará casi el 30% de la población mundial y no es admisible que sigan las guerras, los movimientos de refugiados, el terrorismo o la miseria.

He citado algunas posibles soluciones basadas en lo que he aprendido durante un centenar de expediciones por el mundo. He recorrido miles de kilómetros por pistas sin asfaltar, he dormido en el suelo o en tiendas de campaña, pero sobre todo he compartido hogueras de campamento con muchos cazadores profesionales o rastreadores nativos y he escuchado sus preocupaciones. Sería bueno que alguien más les escuchase; si más personas escuchasen en vez de querer opinar siempre el mundo sería un lugar mejor.

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