SUPERANDO SU PROPIA LEYENDA
En esta temporada que comienza Jesús Riquelme se adentra en diez años de sueños, emociones y el sueño de “Monterías Riquelme”
«Cuidado con lo que sueñas… porque hay sueños que, cuando se cumplen, superan hasta la imaginación de quien los soñó».
Hay monterías buenas, hay monterías extraordinarias, hay monterías que se recuerdan durante años… y después está lo que vivimos en EL LAGUNILLO, en Ribera Alta.
Una de esas jornadas que pasan para los que estuvieron allí, directamente a la historia de la montería española. Una de esas que, por muchos años que transcurran, seguirán contándose alrededor de una mesa, entre amigos y con una copa en la mano.
171 JABALÍES… ¡y tres más que Riquelme se había dejado del puesto nº 1 en su pikup, entre ellos una preciosa boca!
Pero esta vez la historia no comenzó con el estruendo de los disparos ni con las primeras ladras de los perros.
Comenzó con algo mucho más profundo. Comenzó con el corazón.
DIEZ AÑOS DE MONTERÍAS RIQUELME. DIEZ AÑOS DE GRATITUD A TODO EL QUE DE UNA FORMA U OTRA HA CONTRIBUIDO A SER LO QUE ES HOY
Antes de que el monte comenzara a rugir, hubo tiempo para la nostalgia, para los recuerdos y, sobre todo, para agradecer.
Jesús Riquelme cumple diez años organizando monterías.
Una década de sueños, sacrificios, alegrías, decepciones, noches sin dormir, ilusiones cumplidas y otras tantas que nos quedan por cumplir.
Diez años en los que aquel proyecto que nació de una pasión se ha convertido en una de las grandes realidades del panorama montero.
Pero Riquelme tenía muy claro que, en una fecha tan señalada, los verdaderos protagonistas no debían ser los números ni los resultados. Debían ser las personas.
Porque detrás de cada gran historia siempre hay nombres que merecen ser escritos con letras de oro.
Y quiso aprovechar aquella reunión de monteros para rendir homenaje a cinco personas que han marcado su vida y la trayectoria de Monterías Riquelme.
La emoción comenzó con la entrega de la primera Insignia de Plata de Monterías Riquelme a Diego Pérez. No podía ser de otra manera.
Diego fue el verdadero artífice de que Jesús Riquelme retomara aquella afición que años atrás le había inculcado su padre. Una pasión que permanecía dentro de él y que, gracias a Diego, volvió a despertar hasta convertirse en una forma de vida.
Quizá sin aquella persona, sin aquel empujón y sin aquella amistad, hoy no estaríamos contando esta historia.
La segunda Insignia de Plata fue para Kiko Forcallo, cuyo inconmensurable trabajo, entrega y colaboración totalmente desinteresada han sido fundamentales para Monterías Riquelme.
Porque hay personas que ayudan cuando pueden y otras que están siempre que se las necesita. Kiko pertenece a esas últimas. De los que nunca preguntan qué van a recibir a cambio, de los que trabajan en silencio y de los que hacen grandes a los proyectos sin buscar protagonismo.
La tercera Insignia de Plata cayó en manos de Daniel Fernández Duque, guarda de Riquelme desde hace ya cinco años.
Cinco temporadas compartiendo responsabilidad, preocupaciones, jornadas interminables y una dedicación que va mucho más allá de lo que exige cualquier trabajo.
Cinco años en los que Daniel se ha convertido en una pieza fundamental de esta historia, demostrando que la confianza, la lealtad y el compromiso son valores que no se compran.
Pero todavía quedaba el momento más especial.
🏅 DOS INSIGNIAS DE ORO PARA DOS ALMAS DE LA MONTERÍA
Llegó entonces el instante culminante de aquel homenaje.
Jesús Riquelme había reservado las máximas distinciones para dos hombres que representan como pocos la esencia de la montería tradicional. Antonio Raya y Carlos Rubio, «El Agarre».
Dos perreros. Dos rehaleros. Dos compañeros de camino que tuvieron la suerte de conocer a un hombre distinto a un hombre que jamás desdibujaba la sonrisa de la cara José Manuel “Riquelme”, que aunque realmente era el padre de Riquelme y era Rodríguez de primero, al igual que Jesús, respondía sintiendo ese apellido como suyo propio y con orgullo.
Raya y Carlos, dos hombres que llevan junto a Jesús Riquelme desde el primer año.
Desde aquellos comienzos en los que todo estaba por hacer, cuando Monterías Riquelme era todavía un sueño, ellos ya estaban allí.
Con sus perros, con su esfuerzo, con sus ilusiones y con esa fidelidad que solamente entienden quienes han compartido tantas jornadas de monte junto a una persona tan diferente como Jesús Riquelme.
Han visto crecerle barba a Jesús, iniciando el proyecto desde sus cimientos. Han estado presentes en los días de gloria, pero también en los momentos difíciles cuando su padre, tras una lucha de superhéroe, nos dejó, cuando más falta hace tener cerca a personas que no abandonan… allí estaban ellos. Y por eso recibieron las dos Insignias de Oro de Monterías Riquelme.
Porque hay reconocimientos que no se entregan por lo que alguien ha conseguido en un solo día, sino por todo lo que ha significado a lo largo de una vida.
Y aquellas dos insignias representaban diez años de amistad, lealtad y pasión compartida.
Fue entonces cuando Carmen, mujer de Carlos Rubio «El Agarre», tomó la palabra para dedicar unas emotivas palabras a los rehaleros, auténtica alma viva de la montería.
Un homenaje especialmente significativo pronunciado por alguien que conoce de primera mano los sacrificios, las ausencias, el esfuerzo y la pasión que hay detrás de cada rehala.
Porque sin perros no hay montería. Sin perros no hay emoción.
Y sin esos hombres que se dejan la piel entre jaras, barrancos y montes imposibles, ninguna de estas grandes gestas sería posible.
Un rotundo y emocionante aplauso puso el broche de oro a aquel homenaje y dio paso al sorteo de los puestos.
Nadie podía imaginar que aquella mañana, después de tantas emociones, El Lagunillo estaba a punto de regalarles otra página inolvidable de su historia.
DE PODENQUERO DE ORO A SUPERAR SU PROPIA LEYENDA
El Lagunillo no necesitaba presentación.
La temporada pasada, esta misma mancha ya había escrito una página memorable en la historia de Monterías Riquelme consiguiendo nada menos que 151 jabalíes, una cifra extraordinaria que le valió el prestigioso reconocimiento del PODENQUERO DE ORO. Aquella montería parecía difícilmente superable.
151 cochinos en una sola jornada. Un auténtico monterión que había colocado a El Lagunillo entre las grandes referencias del panorama montero. Cualquiera habría firmado repetir semejante hazaña.
Pero Jesús Riquelme no quería repetir la historia. Quería superarla. Y ahí estaba el verdadero desafío.
Volver a una mancha que acababa de dar 151 jabalíes y plantearse mejorar aquel resultado podía parecer una auténtica locura.
Porque después de semejante monterión, lo lógico habría sido pensar que superar aquellas cifras sería prácticamente imposible.
Sin embargo, Riquelme volvía a confiar en El Lagunillo, en su gestión, en su equipo y, sobre todo, en la extraordinaria gestión que hace de Ribera Alta.
Si el año anterior 151 jabalíes habían valido un Podenquero de Oro, esta temporada había llegado el momento de demostrar que aquello no había sido casualidad. ¡Y vaya si lo demostró!
EL LAGUNILLO TENÍA UNA CITA CON LA HISTORIA
Jesús Riquelme sabía que tenía algo grande entre manos.
El objetivo para todos era la garantía de 100 jabalíes. Pero para él y su equipo era superar los 151 jabalíes y volver a ofrecer una jornada de esas que marcan una época.
Pero había algo que quizá ni el propio Riquelme imaginaba: que aquel sueño terminaría quedándose corto.
Desde que comenzó la montería, el monte empezó a contar su propia historia.
Las ladras, las carreras de los perros, las detonaciones que se sucedían por las armadas y el trabajo incansable de las rehalas fueron poniendo la banda sonora a una jornada sencillamente descomunal.
No era una montería cualquiera. Era una auténtica avalancha de cochinos. Un espectáculo de caza mayor de los que pocas veces se tiene la suerte de vivir. El Lagunillo parecía no tener fin.
Las rehalas empujaban y los jabalíes rompían buscando las distintas armadas, mientras los monteros vivían una sucesión de lances que difícilmente podrán olvidar. Muchísimos puestos de ver cumplir en su postura más de 20 jabalíes. La montaña parecía cobrar vida.
Los perros eran los auténticos protagonistas de un espectáculo que tenía a todos los presentes pendientes de lo que estaba sucediendo.
Era como si El Lagunillo hubiera decidido celebrar por todo lo alto los diez años de Monterías Riquelme
Y mientras avanzaba la jornada, cada nuevo lance contribuía a escribir una página más de aquella historia que Monterías Riquelme estaba firmando con letras de oro.
171 JABALÍES… ¡LA MONTERÍA PODENQUERO DE ORO DE LA TEMPORADA SE HABÍA SUPERADO!
Cuando llegó el momento de hacer balance, el resultado hablaba por sí solo.
171 jabalíes. ¡Sí, 171!. Veinte cochinos más que en aquella montería que la temporada anterior había sido merecedora del Podenquero de Oro.
Se había conseguido lo que parecía imposible: superar con creces una montería que ya había sido reconocida entre las mejores.
Lo del año pasado no había sido un golpe de suerte. No había sido una casualidad. Había sido el primer capítulo de una historia que todavía tenía mucho por contar.
Y en esta ocasión, El Lagunillo volvía a reventar todos los pronósticos.
Pero lo mejor de la historia todavía estaba por llegar…
«RIQUELME… ¿Y EL GUARRO QUE HEMOS CARGADO MÍO CON BOCA?»
Cuando todo parecía terminado y los 171 jabalíes ya eran motivo más que suficiente para celebrar una montería histórica, surgió una de esas anécdotas que pasarán de generación en generación.
Y es que, entre tanto jabalí, tanto perro y semejante locura, ¡Riquelme se le habían quedado sin contabilizar nada menos que TRES COCHINOS!
Al pasar por el puesto de Carlos Ferrer, al cual le acompañaba las cámaras de Sol Montero, y ante carros y carros en los que no cabía más caza, Riquelme cogió los tres guarros que le faltaban de su puesto a Carlos, entre ellos una tremenda boca.
Tres jabalíes que no habíamos bajado al plantel y que habían quedado fuera de la cuenta inicial.
Hasta que apareció el montero y después de hacernos la foto con toda la naturalidad del mundo, le soltó:
—«Oye, Riquelme… ¿y el guarro grande mío no lo habréis dejado en la caja de la pikup que no lo encuentro en el plantel? … la cara de Riquelme era un “tierra trágame” … ¡Aquello era para verlo!
Con 171 jabalíes contabilizados, todavía había quien venía a reclamarle otro cochino. Y claro… tocó echar cuentas de nuevo.
171 + 3 = 174 JABALÍES.
¡174 COCHINOS EN UNA SOLA MONTERÍA CON 36 NAVAJEROS, 1 Oro, 2 platas, 3 bronces… y un día para el recuerdo
Lo verdaderamente increíble no era que hubieran aparecido tres más. Lo verdaderamente increíble era que, después de semejante espectáculo, ¡hasta el propio organizador se despistara!
Porque cuando una montería alcanza estas dimensiones, hasta contar los jabalíes termina convirtiéndose en una aventura.
151 AYER. 174 HOY. ¿DÓNDE ESTÁ EL LÍMITE?
Quizá esta sea la gran pregunta que deja El Lagunillo.
Porque lo difícil no es solamente conseguir una montería de 151 jabalíes y recibir un Podenquero de Oro.
Lo verdaderamente extraordinario es regresar a esa misma mancha la temporada siguiente y elevar el resultado hasta los 174 cochinos. 23 jabalíes más.
Un resultado que engrandece todavía más lo conseguido y que refleja el enorme trabajo que hay detrás de estas jornadas.
Lo que parecía irrepetible se ha quedado pequeño.
Y eso es precisamente lo que convierte esta montería en algo verdaderamente especial.
DIEZ AÑOS DESPUÉS, EL SUEÑO CONTINÚA
Quizá lo más bonito de esta historia sea que comenzó hablando de personas y terminó hablando de cifras imposibles.
Comenzó recordando a un padre que transmitió a su hijo el amor por la caza.
Continuó reconociendo al amigo que hizo renacer aquella pasión, a quienes han trabajado desinteresadamente para hacerla crecer, al guarda que cuida cada detalle y a dos perreros que jamás se han separado de este proyecto desde sus comienzos. Y terminó con 174 jabalíes sobre el plantel.
Pero sería un error pensar que lo más grande de aquel día fueron los 174 cochinos
Lo más grande fue comprobar que, diez años después, aquel sueño sigue vivo. Que las personas que ayudaron a construirlo siguen formando parte de él. Y que los valores de amistad, esfuerzo y lealtad continúan siendo el verdadero motor de Monterías Riquelme.
Porque los trofeos llenan vitrinas. Los premios llenan currículums. Los grandes resultados llenan páginas de historia… Pero son las personas las que llenan de sentido el camino.
El Lagunillo ya era un Podenquero de Oro. Hoy es mucho más que eso.
Es la demostración de que los sueños no tienen techo cuando se persiguen con pasión y se rodean de las personas adecuadas. Es el homenaje perfecto a diez años de trabajo.
Es una jornada que permanecerá para siempre en el recuerdo de todos los que tuvieron el privilegio de vivirla.
Y si algo ha demostrado Jesús Riquelme es que no se conforma con repetir lo conseguido. Cuando parece que ha alcanzado lo imposible, vuelve a poner el listón todavía más alto. Porque para algunos la montería es una afición. Para otros es una pasión. Pero para Riquelme es una forma de soñar a lo grande y de convertir esos sueños en realidad.
🏆 EL LAGUNILLO – RIBERA ALTA
TEMPORADA PASADA: 151 JABALÍES. PODENQUERO DE ORO.
ESTA TEMPORADA: 174 JABALÍES. (171 QUE CONTAMOS… ¡Y TRES QUE CASI SE NOS OLVIDAN!)
10 AÑOS DE MONTERÍAS RIQUELME.
Una jornada para la historia. Un resultado para el recuerdo. Un homenaje a quienes siempre estuvieron. Una montería para la eternidad.
MONTERÍAS RIQUELME: «CUIDADO CON LO QUE SUEÑAS… PORQUE A VECES HASTA TUS PROPIOS SUEÑOS SE QUEDAN PEQUEÑOS».
FICHA DE LA MONTERÍA
MONTERÍA: RIBERA ALTA- EL LAGUNILLO
ORGANIZACIÓN: MONTERÍAS RIQUELME
Localidad: Almadén- CR
Fecha: 8-10-26
P: 15
RH: 10
Cupo: J
Tipo Finca: Cercada
Nº Has. Monteadas: 450
Resultado:
J: 174 (36 navajeros- 1 oro, 2pl, 3br)