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rehala

El perrero o podenquero

Es un hombre apasionado por sus perros y por eso se sacrifica por ellos y los atiende y cuida los trescientos sesenta y cinco días del año. Un perrero es alguien que, por encima de todo, tiene afición, amor, vocación, pasión y obsesión por los perros en general y por los de caza mayor en particular y quiere a todos los suyos, tanto, como cualquiera pueda querer al perro que tiene en su casa.

Le encanta cuidarlos, atenderlos, echar las horas con ellos. Si pudiera no haría otra cosa que estar entre ellos. A ese grado llega el apasionamiento de los buenos podenqueros, como se les llama en Andalucía.

El perrero está en permanente estado de ilusión preparando los perros durante todo el año para que estén al máximo nivel en los días de montería.

Para el perrero la temporada nunca termina. En marzo continúa alimentándolos, cuidándolos, disfrutando de ellos y soñando con ellos. Realiza cruces. Sus mejores perras con sus mejores machos y, ya en el salto, imagina como serán los cachorros. Recuerda los lances pasados, los detalles de cada perro y se esmera en presentar cada año algo mejor a monteros y organizadores.

podenquero

El perrero, en general, es un hombre duro, generoso y sacrificado. Le gusta la caza y tiene una actitud siempre positiva y constructiva con los animales y la sierra, a la que conserva y defiende. Para él la montería es un día de fiesta donde intenta contribuir al éxito haciendo llegar a los puestos el mayor número de reses. Cuando conduce sus perros por el monte procura que sobresalgan de entre los demás, esperando la felicitación o la crítica, según el resultado del trabajo. El perrero es el factor principal en la calidad de la rehala. Un buen perrero siempre hará una buena rehala independientemente de los medios de que disponga y al revés, un mal perrero nunca tendrá buenos perros.

Los perreros que destacan son aquellos que nunca tienen pereza para estar con los perros, que no les importa el trabajo en la perrera ni en el monte, que tienen paciencia con los perros sabiéndoles mandar sin violencia, que se apuntan para dar cualquier manchón con tal de que sus perros salgan y se piquen, que entienden de cruces, que saben hacer descartes y no les tiembla el pulso en ello, que no les importa esperar a un perro bueno que se alejó tras un cochino, que animan a la rehala cuando levantan una res terminando la montería, casi llegando al camión, que llevan todos los punteros aunque cacen lejos de casa. ¡Esos son los buenos perreros!

Zahones, cuchillo y caracola son sus principales herramientas en la sierra. También es imprescindible llevar un botiquín de urgencia con aguja, hilo y un antihemorrágico. Si el monte es muy cerrado unas polainas protegerán las piernas de espinos, zarzas y aulagas. Y como vestimenta, ropa dura, de brega, pero no estridente y jamás un mono sea cual fuere su color. La ropa debe ser al uso, como siempre la han utilizado los perreros. Ropa de campo, es lo más apropiado. Ahora por seguridad también hay que llevar algún elemento visual que destaque entre el monte.

El trabuco, casi en desuso, se utilizaba para echar las reses hacia delante, para animar la sierra, y para forzar la huida de aquellos verracos que se hacían fuertes a los perros sin querer dejar la plaza.