Monterías en Sevilla, Monterías y ganchos
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Cualidades que debe de tener un perro de rehala

Son cinco las cualidades básicas que según nuestra opinión deben confluir en los perros de una rehala para que ésta sea completa: Afición a la caza, olfato, tesón, dicha y valentía.

Afición a la caza. Es lo que podríamos llamar ganas de cazar, ganas de encontrar caza. Es lo que hace que los perros busquen, vayan, vengan, suban al collado, bajen a la rehoya. Un perro sin afición es un perro vago, sin iniciativa. Se dará la carrera de rigor en la suelta y pasará a campear pegado a los talones del perrero.

Olfato. A nadie se le escapa que es cualidad indispensable en los “buscas” de la rehala. Puede tratarse de un perro con mucha afición, infatigable, que no pare en todo el día, pero si no tiene olfato tan sólo espantará aquellas reses con las que se tope en su camino.

Hay algunos perreros que creen que todos los perros que campean y no van pegados son buscas, cuando realmente muchos de estos sólo levantan la caza que tropiezan por carecer de olfato y realmente habría que quitarlos. Una rehala compuesta por gran número de campeadores, que no de buscas, levantará poca caza y será una rehala mediocre. Hay que saber diferenciar entre busca y campeador.

Tesón. Ni mucho ni poco, el suficiente para sacar la res y llevarla a las posturas. Un exceso de tesón como es el caso de los sabuesos y grifones puros y también de algunos de sus cruces nos llevaría a que el perro estuviera horas tras la pieza y con toda probabilidad muy alejado de la mancha que se bate. Al contrario, la carencia total de tesón nos conduce al tipo de perro que da con una res y después de correrla cien metros, se vuelve al perrero dejando la caza dentro del monte y por supuesto sin tirar.

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Dicha. La ladra de los perros en la persecución es imprescindible. Una rehala sin dicha no es una buena rehala. La dicha provoca la llamada a otros perros, que al acudir, hacen más eficaz la persecución de la res, siendo para esta más difícil burlarlos y perderse en la mancha sin ser tirada. La dicha marca el camino de la caza al montero. La dicha es espectáculo. Qué emocionante es oír esa ladra que viene, que se nos echa encima, que nos indica el camino del animal y nos pone el corazón que casi podemos oír sus latidos. El máximo deleite en la montería es disfrutar de un lance con ladra.

Valentía. Es especialmente necesaria para los guarros. El perro ha de ser valiente, y cuando da con el guarro, debe acometerlo y no pasar de largo. Una rehala valiente, con decisión, con coraje, fuerza más guarros hacia los puestos que aquellas otras con perros que no entran a un guarro aculado. Y es que ésta última, por esa falta de valentía, ni siquiera consigue echar los cochinos de los encames. No siempre da con los guarros el grueso de la rehala, muchas veces es un perro o dos y es necesario que sean valientes para que acometan y los muerdan hasta obligarlos a dejar la cama y forzarlos hasta los pasos.

Los cochinos imponen respeto a los perros y es un hecho acreditado la diferencia que existe entre las rehalas cochineras capaces de sacar los guarros de la mancha y las de cervuno que se dejan los marranos en la sierra sin posibilidad de ser tirados por los monteros. Simplemente es cuestión de valentía.

Es deseable buscar perros en los que confluyan todas estas cualidades. Según nuestro criterio los cruzados de mastín y podenco se ajustan mucho a este perfil.

Pero lo importante es que el conjunto de la rehala las tenga, realizando cada raza su principal función para conseguir el equilibrio de la recova. Así el olfato del podenco, el arrojo de los perros de presa o la fortaleza y resistencia del mastín. Y haciendo referencia al dicho: “Hay dos clases de perros, los buenos y los malos y lo demás son gustos”, ya que come lo mismo un perro bueno que uno malo, y ambos dan los mismos trabajos en su cuidado, busquemos perros encastados y con trapío intentando con el tiempo tener una rehala además de excelente, homogénea y con la personalidad y sello de cada uno.