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rehala

Adiestramiento de los cachorros

A finales de febrero terminan las monterías. Pasan los meses y llega el verano. Durante ese tiempo el rehalero debe domar y adiestrar a los cachorros. Para ello, primero los tiene que enseñar a estar atados, después a ramalear con la correa y finalmente a ir a la collera con otro perro. Luego tienen que aprender a subir y a bajar del camión, a seguir los rastros del perrero, a guiarse por su voz y a reconocer la caracola. Con el adiestramiento los cachorros aprenden a orientarse en el monte. Esto último, solo lo pueden hacer quienes tengan un terreno autorizado para ello.

Para conseguir un lugar en el que adiestrar y entrenar hay que solicitarlo en la Autonomía de cada uno cumpliendo los requisitos que exige su ley de caza. Unos lo podrán hacer al amparo de un coto privado y su plan cinegético y otros en terrenos de su Ayuntamiento. Lo importante es solicitarlo y si fuera denegado, que la administración nos indique los motivos y materias que hemos de cambiar para poder concedérnoslo. Una vez hayamos rectificado deberemos volver a presentar la solicitud. Los perros de rehala, después de siete meses en la perrera, llegado octubre, están totalmente fuera de forma.

Con el entrenamiento los perros se fortalecen, ensanchan pulmones y endurecen las almohadillas de las patas. A finales de septiembre, ya estarán preparados.

Un perro es como un atleta si no se entrena no podrá rendir en su actividad.

Los efectos de que las rehalas no puedan entrenar antes de comenzar la temporada son:

  1. Las manchas se baten mal con perros sin ninguna forma física.
  2. Muchos perros mueren de congestión.
  3. Los perros se aspean y se inutilizan para las siguientes monterías.

Los perros no saben dosificar su esfuerzo y los primeros días de montería, sobre todo los más punteros, se mueren de congestión persiguiendo la caza hasta que revientan.

Las manchas no se montean bien quedándose muchas reses sin levantar pues los perros enseguida se rajan y no pueden ni moverse acabando pegados al perrero sin fuerzas para perseguir siquiera los animales que se les ponen por delante.

Por otro lado, las almohadillas de los perros que están blandas, se abren por la aspereza del suelo, quedando cojo el animal y teniendo que darles descanso y tratamiento hasta que se endurezcan y puedan volver a la sierra.

En el mes de octubre suele hacer un calor asfixiante, el verano ha dejado sin agua una gran parte de las charcas y algunas fincas de las que se montean en esas fechas están cargadas de reses. En estas condiciones, al rehalero que no haya podido entrenar y acuda a montear se le morirán muchos perros.

La suelta se realiza a las doce con el sol en todo lo alto.

Pasados los primeros cuarenta minutos, los perros no pueden con su alma por lo que las reses que se levantan lo hacen por los gritos de los podenqueros.

A las posturas llegan los perreros con todos los perros alrededor. El montero ve como su zona se ha quedado sin montear. No sale ni un cochino a partir de la mitad de la mancha, los perros ya no buscan y arrastrándose detrás de su perrero luchan por su vida. Es lastimoso verlos en ese estado. Se van quedando a la sombra de las chaparras o tirados en la orilla de los caminos.

Ya de vuelta al camión llegarán menos de la mitad de los perros. Algunos estarán muertos, reventados, otros irán acudiendo poco a poco con la frescura de la noche.

Avanzada la noche partirá el podenquero para la perrera faltándole varios que recogerá al día siguiente. Los muertos serán de los mejores, siempre ocurre así, mueren los que más acometen, los que más sangre tienen, los que con un suspiro de vida todavía se van tras las reses.

Para que las monterías que se organicen en octubre tengan un éxito completo es necesario que los perros trabajen bien y para conseguir esto y a la vez evitar la muerte de los mejores es imprescindible que las rehalas puedan entrenar.

El entrenamiento de la rehala debe comenzar a primeros de septiembre. Veinte días de campeo sería lo apropiado para afrontar el esfuerzo que requiere dar una mancha completa y diez días sería lo mínimo para evitar la muerte de los perros.

Hay varias maneras para poner los perros en forma:

  1. El campeo: sin duda la mejor.
  2. Vehículo con artilugio trasero al que atas 30 o 40 perros.
  3. Molino que da vueltas sobre un eje y en cuyos brazos van atados 30 o 40 perros. 
  4. Paseos con los perros acollerados(1).

Para el campeo lo óptimo es una zona cercada de al menos 100 has. Esta es la superficie mínima para que el perrero trabaje los perros durante tres o cuatro horas consiguiendo que ensanchen los pulmones, endurezcan almohadillas y que después de veinte días de actividad adquieran una aceptable forma física. Luego, con el esfuerzo continuado de perseguir una res tras otra y un día tras otro, alcanzarán su óptimo nivel durante la segunda quincena de noviembre.

Sabiendo de la importancia de poner a punto los perros antes de comenzar la temporada, se recomienda:

  • A las Comunidades Autónomas:
    • Que otorguen permisos para entrenar en espacios cerrados y de superficie suficiente.
  • A los organizadores:
    • Que suelten temprano para aprovechar las horas de menos calor.
    • Que sabiendo que las rehalas que no hayan entrenado rendirán a lo sumo una hora, que reduzcan el área a batir por cada rehala bien acortando la mancha o bien metiendo más perros.
    • Que pongan bidones de agua repartidos por la mancha para aliviar la sed del perro y prolongar con ello su rendimiento.
  • Al rehalero:
  • Que procure entrenar en septiembre como mínimo diez días para evitar así la muerte de sus perros.
  • Que si no ha podido entrenar, en días de calor, no lleve la rehala a fincas con muchas reses.
  • Que aprenda a decir ¡no!. Si la rehala no está campeada no debería montear hasta que refrescase el tiempo y las primeras lluvias ablandaran el campo. Es mejor quedarse en casa y no cazar que salir con cuarenta perros en el camión sabiendo con certeza que alguno morirá.

(1) Acollerados: viene de collera ( pareja de perros) y hace referencia a perros que están unidos en colleras es decir, de dos en dos. Acollarados: viene de collar y hace referencia a perros unidos por los collares