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monteria

Cómo actuar ante la muerte de un perro de rehala

EL MONTERO

A cualquiera le puede pasar. Es un hecho horrible no buscado. Es un hecho desgarrador para el dueño del perro pero también traumático para el cazador.

En estos casos el montero debe asumir su responsabilidad y lo antes posible contarle lo sucedido al rehalero para evitar que el perrero se vuelva loco buscándolo. El rehalero lo aceptará. Un accidente le puede ocurrir a cualquiera. No obstante y aunque un perro no tiene precio, el montero deberá pagarlo para que el rehalero pueda comprar otro de similares características. Las diferentes asociaciones de rehalas valoran un perro de rehala en no menos de 1.000€.

Con estas dos acciones:

  1. Pedir perdón mostrando arrepentimiento por el hecho.
  2. Pagar el animal para su reposición. el montero habrá realizado lo que dicta la ética en estos casos.

Otra cosa sería matar un perro por negligencia disparando en un agarre o a una res envuelta en perros. En este caso el montero se atendrá a la resolución del juez tras la segura denuncia ante la guardia civil por parte del dueño de la rehala.

EL REHALERO

Hay que diferenciar entre la muerte de un perro por accidente y la muerte de un perro por negligencia o imprudencia.

En el primer caso si el montero actúa como se indica arriba al rehalero, dentro de su enorme sufrimiento, le bastará con las disculpas y el pago del perro.

En el segundo caso es imprescindible la denuncia.

Las diferentes asociaciones de rehalas recomiendan a todos los propietarios de rehala que sufran la muerte o lesión de algún perro por disparo negligente que realicen las siguientes actuaciones:

  1. Identificar a la persona que lo ha realizado para imputarle la correspondiente denuncia.
  2. Aportar un certificado veterinario de lesiones o muerte por disparo, bien a través del veterinario de la montería o llevando el perro a un centro veterinario.
  3. Procurar el testimonio de testigos que acrediten los hechos.
  4. Poner una denuncia en el cuartel de la guardia civil narrando los hechos y solicitando:
    1. La retirada del permiso de armas y la licencia del que disparó.
    2. El pago del valor del perro.
    3. El pago de los gastos incurridos: servicios veterinarios, desplazamientos, costas del juicio si lo hubiera, etc.

Con esto se conseguirá que el infractor que hirió o mató el perro por negligencia o imprudencia se le retire el permiso de armas, no pudiendo cazar por un prolongado periodo de tiempo y además que pague la cantidad que el juez estipule así como todos los gastos incurridos.

Las asociaciones de rehalas recomiendan a los organizadores de monterías que incluyan entre sus normas que no se concederá el trofeo a quien lo consiga disparando en un agarre aunque no le ocurriera nada a ningún perro.

EL ORGANIZADOR

Dada la gravedad de estos casos y los violentos conflictos que generan entre el infractor y el dueño del perro, se recomienda al organizador que de manera preventiva, ya en la cita, advierta de que no se puede disparar en un agarre ni a una res rodeada de perros y que nadie se llevará un trofeo conseguido de esta manera.

Igualmente, como responsable del orden en la montería debe involucrarse en el asunto ayudando a la solución de los tensas situaciones que se generan entre los afectados por el brutal hecho de matar a un perro.