rehala

Propiedad de los trofeos agarrados por la rehala

Las normas por las que se rige esta cuestión vienen desde los principios de la montería y todas tienen su razonable explicación.

Así en una montería de invitación, todos los trofeos pertenecen a la propiedad de la finca, tanto si fueron abatidos de un disparo como si fueron rematados a cuchillo en un agarre y será potestad de ella concedérselos o no al solicitante. Y esto nos llega de antiguo, de aquella época en la que la caza mayor era escasa y el dueño de una finca invitaba a unos pocos amigos para montearla, monteros todos de extrema afición pues no había comodidad alguna y se cobraban muy pocas reses y ante esa escasez de trofeos, en ocasiones, al dueño de la finca le gustaba quedarse con aquel buen guarro o aquel gran venado y a todos les parecía bien y así se hacía y así se asumía sin la menor controversia. Eran cazadores de lances que no de trofeos.

En la actualidad en donde la gestión de los cotos ha provocado una explosión en la cantidad de caza mayor y en la calidad de los trofeos, suele ser excepcional el que algún dueño de finca se quiera quedar como recuerdo con algún trofeo de sus invitados, aunque esté en su pleno derecho para poder hacerlo.

Con los trofeos conseguidos por las rehalas en los agarres pasaba lo mismo. En las monterías de invitación el dueño de la recova era uno más de esos buenos amigos que se juntaban para montear y cuando sus perros agarraban un buen marrano, el propietario de la finca estaba encantado de darle su trofeo. Cuando comenzaron a proliferar las monterías y hubo la necesidad de llamar a rehalas de” alquiler” para que prestaran un servicio, -rehalas en las que ya no se conocía al rehalero-, al dueño de la finca, a veces, no le parecía bien dar ese trofeo a alguien que no conocía de nada, que estaba allí para realizar un trabajo, y que quizás jamás volvería a ver. Por esto se tomaba la determinación de que el gran cochino o venado se quedara en la casa. De ahí viene que hasta hace pocos días a las rehalas comerciales no se les otorguen los trofeos agarrados por sus perros. En la actualidad este aspecto se está resolviendo previamente entre rehalero y organizador que acuerdan con anterioridad si los trofeos agarrados se quedan en la casa o se los lleva el rehalero.

Como resumen:

Montería de invitación: todos los trofeos de monteros o rehalas son del propietario de la finca que tiene la potestad de concederlos o no al montero o dueño de la recova.

Montería comercial: Las rehalas que acuden con puesto y propina para el perrero son propietarias de los trofeos que pudieran agarrar sus perros. Las rehalas de alquiler deberán aclarar esta circunstancia previamente, de no hacerlo, la norma vigente es que los trofeos se quedan en la casa. En el caso de monterías comerciales, en las que la propiedad es quien llama a las rehalas invitando al rehalero a acudir a su finca y a ocupar un puesto, entonces, la situación es como si se tratara de una montería de invitación y los trofeos que pudiera conseguir el dueño de la rehala o sus perros pertenecen al dueño de la finca, debiéndoselos pedir a lo que, salvo excepciones, es generalizado su concesión.