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Lo que hay que exigir a las rehalas

Todos los monteros conocemos la evidencia de que la participación de perros es imprescindible para sacar los cochinos y los venados de muchas sierras de España.

Hay algunas dehesas sin monte en las que los venados se arrancarían con cuatro voces de otros cuatro ojeadores, pero en la mayoría de las manchas, sin la participación de las rehalas, los venados y los cochinos se quedarían dentro del monte sin llegar a las posturas.

Y cuanto mejores sean las rehalas más caza llevarán al montero. Y cuanta más calidad tengan menos rehalas harán falta para batir, aunque en esto de echar las manchas y el número de rehalas a emplear hay dos estilos ya mencionados: por un lado, los organizadores que buscan el espectáculo de los perros cazando en el monte, latiendo y animando la montería y por ello contratan pocas rehalas pero muy buenas, y de esta forma, los perros tienen espacio y van y vuelven hasta no dejar un rabo en el monte en un verdadero deleite para el auténtico montero aficionado; y por otro lado, aquellos que organizan la montería como si fuera un ojeo de perdices, metiendo una rehala por cada 20 metros de sierra, produciendo un rodillo de ojeadores y perros, todos muy juntos, estorbándose unos a otros y perjudicando el trabajo de los perros que casi desaparece. Es el rodillo humano con los perros pegados y el ruido el que echa para adelante la caza. Pero eso no es montear y la mayoría de la caza se levanta por el alboroto que no por los perros. En este caso, rara vez le llegarán al montero perros punteros que le alegren el tiempo de espera en el puesto. Con estas maneras no verá perros hasta que la línea de rehalas se le vaya aproximando.

Los organizadores de monterías, en general, seguro que ponen todo su empeño en conseguir los mejores colaboradores para el día y así buscan postores que conozcan bien el terreno, guías de las rehalas que dominen las manchas, arrieros diligentes que acarreen con prontitud las reses abatidas, un catering que deje satisfecho al personal y por supuesto buenas rehalas capaces de sacar lo que haya dentro del monte, porque si no hay buenos perros, lo demás huelga. Se puede entender que la mancha falle por diversas causas, pero nunca porque los perros no hayan trabajado. El organizador, debe intentar por todos los medios que las rehalas convocadas cumplan con su cometido.

Lo más importante es que los perros cacen, que no vayan pegados al perrero. Cuando esto ocurre, cuando los perros van como un rebaño de ovejas alrededor de los zahones del podenquero, hacen la misma función que un ojeador dando voces sin perros. Es decir, poco o nada. Y cuando un montero ha pagado una cierta cantidad por un puesto, lo que espera, es que la rehala encargada de batir su área de influencia cace, que los perros vayan abiertos buscando las reses que allí pudieran estar. Cuando un perrero lleva la mayoría de los perros, durante gran parte de la montería, pegados a él, es que valen para poco.

Si un mismo rehalero lleva dos rehalas, estas deben estar capacitadas para batir zonas independientes repartiéndose los perros por igual entre los dos podenqueros. Las bajas cantidades que se pagan a las rehalas comerciales han provocado que muchas se ofrezcan como dobles cuando realmente no lo son. De esta manera el rehalero cobra un precio más justo que le ayuda a cubrir sus gastos, pero el organizador cree contar con un número de rehalas para batir la mancha y realmente por las falsas rehalas dobles es inferior.

El organizador, debería intentar asegurarse de la calidad de las rehalas que piensa convocar, bien porque conozca ya el trabajo de los perros, bien por referencias solventes. Y cuando una rehala cace mal, hablar con el dueño para que cambie la condición de sus perros y si no progresaran, no volverla a llamar.

Y para contribuir en la mejora de la calidad de las rehalas, olvidémonos de la tarifa única. Como en todas las actividades, el mejor trabajo debe ser el mejor remunerado. Esas rehalas que llevan todos los perros por delante, que realmente son las que hacen la montería, deben tener mejores condiciones de contratación que esas otras que trabajan a ratos o regular. Y a las que llevan todos los perros detrás, ni llamarlas.