monteria

Tradiciones monteras

A la montería siempre se le ha considerado como un “noble arte” dentro de la venatoria española. Su práctica se ha basado en una serie de normas y principios éticos que, escritos y no escritos, se han transmitido de generación en generación hasta nuestros días.

La puesta en práctica de estos principios y fundamentos monteros ha dado lugar a una serie de actuaciones, costumbres y modos de proceder en el monte que, buscaban el orden y la seguridad en el desarrollo de la jornada y que a base de repetirse durante siglos, se han convertido en tradiciones monteras y normas incluso de obligado cumplimiento en aras de esa imprescindible seguridad y de esa ética que debe presidir en todo momento las actuaciones en montería.

Los avances tecnológicos y la llegada de la montería comercial introdujeron un nuevo concepto de caza, menos tradicional y más práctico, en el que se priorizaron otra serie de actuaciones, no siempre beneficiosas para la “salud” de esta señera modalidad cinegética, relegando a un segundo plano, o incluso al olvido, viejas costumbres y antiguos modos de nuestra montería que la definían y le daban ese toque de distinción y ese sabor añejo que siempre tuvo.

tradiciones

Así, entre las viejas costumbres, la mayoría ya perdidas con el paso del tiempo, estaba el llevar acolleradas las rehalas hasta el lugar del monteo(ahora como es lógico van en camiones); el colocar las armadas en caballerías, que hoy van en todo terrenos pues los caminos llegan a casi cualquier punto de la sierra, el uso del trabuco y el coleto por parte de los perreros o incluso el uso de los zahones de montear por parte de los propios monteros.

Algunas otras tradiciones, como el noviazgo, han permanecido indemnes al paso de los años y aún es frecuente ver en nuestras monterías la celebración de “juicio sumarísimo”, con fiscal, juez y abogado defensor incluido, mediante el cual el “acusado” de abatir su primera res, recibe el “bautismo de sangre” y el posterior título montero una vez supera la dura prueba y efectúa el correspondiente pago de la fianza.

El noviazgo no deja de ser un episodio más de nuestra montería que demuestra el carácter festivo, de amistad y compañerismo que define esta modalidad de caza mayor.

Hoy día, por suerte para todos, son muchos los aficionados que se preocupan por recuperar los viejos modos y las tradiciones monteras, que dan orden y seguridad, y cada vez son más los monteros y perreros que cuidan estos pequeños detalles que, si bien, algunos de ellos, no son indispensables para el desarrollo de la montería, si contribuyen a generar un ambiente más señero, amable y autentico en nuestras batidas.